Argentina exporta su crisis: empresas brasileñas pronostican un freno a sus negocios por causa de la volatilidad cambiaria

Las turbulencias locales y la incertidumbre que genera la vuelta del país a las relaciones con el FMI demorarán la reactivación del consumo y las ventas de sus filiales argentinas, en especial en los sectores alimenticios y textil. También se complicarán las exportaciones automotrices

Para las empresas brasileñas con negocios en el país, el sabor del regreso de la Argentina a las relaciones con el FMI y de las medidas tomadas por el Gobierno y el Banco Central para frenar la corrida cambiaria, comienza a ser amargo. Y sus ejecutivos ya muestran cierta preocupación por la crisis cambiaria que sufre su principal socio regional. Muchos de ellos aseguran que las turbulencias locales afectarán las ventas entre ambos partners del Mercosur y advierten que el sector con más complicaciones será el automotor.

Si bien pasan de largo las implicancias que la crisis podría tener en el mercado financiero, fijan su mirada en el comercio bilateral, en las exportaciones que desde Brasil ingresan a la Argentina y en la performance de sus filiales locales. Los empresarios brasileños entienden que las últimas medidas del Gobierno para contener la suba del dólar y frenar la depreciación del peso frente a la moneda norteamericana profundizarán la caída en la producción y ventas que ya sufren varias de sus subsidiarias debido a que tendrán un efecto directo en el consumo y en un freno a las inversiones industriales.

La preocupación está basada en el fuerte crecimiento que el año pasado evidenciaron las inversiones brasileñas en el mercado local. De hecho, el año pasado alcanzaron los u$s307 millones y representaron el 8% del total de los desembolsos de las empresas brasileñas en el exterior, según datos de la Cámara de Comercio Argentino Brasileña (Cambras). Ese monto, duplicó lo ingresado en el 2016 y llevó a las firmas del país vecino a ocupar el sexto lugar entre los inversores en Argentina detrás de Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, España y Francia.

El flujo había comenzado a crecer tras la llegada de Mauricio Macri al gobierno en 2015, y de la mano de la eliminación de las barreras proteccionistas y de un escenario más amistoso hacia el capital extranjero. Ese cambio de rumbo, llamó la atención de las multinacionales brasileñas, que empezaron a destinar más fondos para financiar sus negocios locales.

Sin embargo, dos años después, el contexto es otro y en la actualidad no sólo sufren las consecuencias de la restricción del consumo y de un escaso crecimiento de la economía local, sino que ahora esperan una profundización de este escenario negativo por las turbulencias financieras que obligaron al país a recurrir nuevamente al FMI.

Revisión de planes

Un caso es el de la brasileña JBS, la mayor procesadora mundial de carne, que frenó sus planes de expansión local en donde posee cinco plantas desde las que exporta. De hecho, hoy solo opera desde su fábrica de Rosario, donde trabajan 1.500 empleados. Si bien en 2016, el grupo vendió su operación local a otra empresa brasileña, Minverva Foods, un juez suspendió la transacción argumentando que podría complicar las investigaciones por una causa de corrupción que envuelve a JBS en su país.

Otro ejemplo es el de Quickfood, propiedad de Brazil Foods. El fabricante de la marca de hamburguesas Paty debió pedir auxilio al Gobierno para poder reducir sus negocios y despedir personal. Fuentes cercanas a esta compañía anticipan que el nuevo contexto de incertidumbre no ayudará a mejorar su panorama sino que lo agravará.

En abril, la empresa comenzó a poner en marcha su proceso preventivo de crisis acordado con el Ministerio de Trabajo y mediante el cual abrió una lista de retiros voluntarios. Además, salió a buscar financiamiento en los mercados internacionales con la emisión de Obligaciones Negociables (ON) por hasta $1.000 millones para poder sanear su endeudamiento local que llega a los $800 millones.

Sin embargo, desde la compañía consideran que la situación será más compleja, ya que el financiamiento internacional se encarecerá y su negocio retrocederá al esperar una nueva retracción del consumo interno. Lo que más impactará en su operatoria local serán las subas de los costos de producción, la materia prima y una demanda que seguirá estancada a raíz de las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno.

El mismo escenario se plantea para la textil Alpargatas. El fabricante de las zapatillas Topper, suspendió a casi 2.000 trabajadores de sus plantas argentinas y entre sus ejecutivos no hay optimismo en cuanto a una recuperación inmediata de sus negocios. Propiedad de un grupo de fondos brasileños, el plan de ajuste iniciado podría ser profundizada tras los anuncios oficiales de estos días. El año pasado, la empresa cerró sus plantas de San Luis y de la localidad bonaerense de Florencio Varela.

Ahora, ordenó suspensiones masivas en sus fábricas de Corrientes y Tucumán y abrió retiros voluntarios en la de La Pampa. El escenario de conflicto se da por la caída en su producción y ventas, y entre los trabajadores consideran que el panorama futuro no es alentador. Al respecto, Nerio Medina, secretario general de la Asociación Obrera Textil, advierte que la empresa trabaja con la mitad de la dotación con la que contaba en el 2016 y que ahora buscan reducir nuevamente esa cantidad. En la empresa aseguran en tanto que las medidas se vinculan a la necesidad de hacer frente a las bajas ventas y a una mayor importación en el marco de un sector, el textil, que se encuentra en situación de grave crisis.

En cuanto a la industria automotriz brasileña, hasta ahora, era uno de los pocos sectores del país vecino que venía creciendo en ventas en Argentina. Una situación que a partir de ahora podría cambiar. Por caso, un informe del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas, advierte que las ventas al mercado argentino pueden llegar a ser el principal canal de contagio para el país que preside Michel Temer.

En el trabajo se asegura, por ejemplo, que entre abril del 2017 y abril pasado la balanza comercial de la cadena automotriz tuvo un saldo positivo a favor de Brasil cercano a los u$s5.000 millones. La cifra representa el 10% del saldo comercial total entre ambos mercados. El porcentaje demuestra la importancia que tiene para el país vecino poder sostener la misma situación aun cuando la suba de las tasas y el dólar termine causando una reducción del mercado automotriz interno con su consiguiente efecto negativo para las terminales brasileñas que exportan el 70% de sus ventas al exterior hacia la Argentina.

Preocupación por el freno argentino

En este contexto, un documento de la filial brasileña del banco Santander estima que las exportaciones hacia la Argentina representan el 25% de la producción automotriz del país vecino.

Por eso, anticipa que una reducción del 10% de las exportaciones reduciría hasta en un 3% la producción de autos en Brasil, "causando consecuencias negativas para la producción total del país, cuya reactivación el año pasado estuvo fuertemente influenciada por las ventas de autos al exterior".

La preocupación de las automotrices con sede en Brasil tiene que ver con la determinación del Banco Central argentino de subir la tasa de interés al 40% para frenar la corrida del dólar y la desvalorización del peso frente a la moneda norteamericano.

Esta decisión sumada a la incertidumbre creada por la vuelta del país al FMI, hacen que un posible freno del mercado interno argentino también termine afectando a la producción automotriz de Brasil.

En el caso de las terminales automotrices, el último año evidenciaron un fuerte crecimiento de sus exportaciones hacia la Argentina que de enero a abril pasado, llegaron a superar las 200.0000 unidades y conformaron el 75% de las ventas de autos brasileños al exterior. De hecho, durante el primer trimestre en el "top ten" de autos más vendidos en la Argentina figuran nueve modelos que provienen de Brasil. Solamente, el Renault Sandero es la excepción a esa regla, ya que su producción se realiza en la planta que la terminal francesa posee en la localidad cordobesa de Santa Isabel.

En el ranking figura sexto, mientras que los otros nueve llegan importados del país vecino. Los primeros tres son el Chevrolet Onix (11.235 patentamientos), el Toyota Etios (10.961) y el Ford Ka (9.940). Le siguen el Volkswagen Gol (9.801), el Chevrolet Prisma (9.721), el Peugeot 208 (8.292), el Ford Ecosport (6.454), el Renault Kwid (6.371) y el Ford Fiesta (5.466).

En este sentido, en declaraciones a medios de su país, Antonio Megale, presidente de la Asociación de Fabricantes de Autos de Brasil (Anfavea), estimó que los próximos dos meses serán vitales para el futuro del intercambio comercial con la Argentina. "Todavía es muy pronto para saber el impacto que tendrán las decisiones del gobierno argentino en nuestro negocio y por ahora no hubo ni cancelaciones ni suspensiones de pedidos", agregó el empresario a quien le preocupa el impacto que la suba de tasas podría llegar a tener en el financiamiento del sector.

"Argentina es un socio importante para nuestra industria", señaló el titular de Anfavea, entidad que proyecta que las ventas del mercado interno argentino durante este año rondarán las 850.000 unidades. Es decir, 150.000 vehículos menos que las estimaciones de las automotrices argentinas, que rondan el millón de ventas para este año. De hecho, a los industriales brasileños no les simpatiza tanta dependencia de Argentina y este año salieron a buscar nuevos mercados para diversificar la oferta. Uno de esos es Medio Oriente, con el cual buscan compensar la caída en las exportaciones a México.

Diferente es el posible "efecto contagio" que los problemas locales puedan causar en el sistema financiero brasileño, donde los analistas no ven problemas teniendo en cuenta que los números del país vecino demuestran solidez. De hecho, su déficit en las transacciones externas es cercano al 0,7% del PBI mientras que el argentino supera el 4,7%, de acuerdo a un documento publicado por el diario brasileño Folha do Sao Paulo.

Además, Brasil es acreedor externo y su inflación es baja, lo cual le permite sostener el valor del dólar, dato que no es igual en la Argentina en donde la previsión del sector privado estima que a fin de año la inflación estará más cerca del 25% que del 15% que promete el gobierno de Mauricio Macri.

En este sentido, el ministro de Hacienda de Brasil, Eduardo Guardia, descartó cualquier efecto negativo para las cuentas de su país debido a la crisis argentina. En declaraciones a la prensa brasileña, el funcionario sostuvo que "no hay posibilidades de un contagio, ya que tenemos una situación diferente a la de Argentina".

Por Andrés Sanguinetti