Boda de Meghan Markle y príncipe Harry: El vestido de novia y las joyas

Meghan Markle ha aparecido a la hora prevista en las escalinatas de la capilla de San Jorge con un vestido de seda blanca con escote barco sin ningún encaje, sin mucho volumen y una cola sin adornos no demasiado larga, como se esperaba. Una creación ''muy Meghan'' porque refleja su estilo elegante, cuyo diseño es obra de Clare Waight Keller directora creativa de Givenchy.

El vestido, en opinión de Nacho Aguayo, director creativo de Cortefiel y Pedro del Hierro, "es demasiado sobrio y minimalista, y, quizás, le falta algo de personalidad, algún detalle que lo haga único y suyo". Lo más sorprendente del mismo es "la calidad del tejido, que se ve solo con mirarlo", concluye.

El único detalle que rompe las líneas puras del vestido -con escote de barco y manga tres cuartos-, es el encaje del velo bordado a mano con hilo de seda y organza con flores de la Commonwealth y dos flores elegidas de entre las favoritas de Meghan. El velo, realizado en tul de seda, mide cinco metros y el encaje ha llevado cientos de horas de elaboración, porque los bordadores tenían que lavarse las manos cada cinco horas. En la parte delantera del velo y colocadas simétricamente se han bordado semillas de trigo que simbolizan el amor y la caridad.

Los zapatos son una personalización de satén de seda sobre un modelo de la colección primavera-verano 2018 de Givenchy.

En cuanto a las joyas lo más destacado es la tiara 'Filigree' de la reina Mary, casada con Jorge V de Inglaterra. La tiara también se conoce como tiara de María de Teck (el nombre de la reina antes de casarse). Se trata de un préstamo de la reina Isabel II, y no se ha visto en público desde 1953. Para el resto de joyas, Meghan apostó por Cartier, con unos pendientes de oro blanco y diamantes, los 'Galanterie', y el brazalete 'Reflection' de la línea de Alta Joyería de la firma, también en diamantes y oro blanco.

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