Dilema: Crecimiento por consumo o inversión.

Como no se esperan dólares comerciales en el mediano plazo se debate una alternativa al modelo de endeudamiento

"No podemos esperar que los dólares vengan del sector comercial en los próximos años", reconoce un empresario, en medio de una negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que propone una baja de la dependencia de la Argentina. "La única vía, entonces, es que lleguen dólares por el lado de las inversiones", remarcan, en línea con la ecuación que manejan en el Gobierno.

Sin embargo, eso implica generar las condiciones para que las empresas decidan su desembarco en el país. El elenco es conocido: seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica, baja de impuestos y de costos logísticos.

La trampa, en tanto, radica en que la baja del déficit vendrá asociada en la primera etapa a una baja de la obra pública, la misma que genera las mejoras en las rutas y ferrocarriles que están asociados a la baja del costo logístico. Aunque el Gobierno aspira a que los programas público-privados de inversión compensen la baja del gasto público.

"El déficit fiscal se tiene que eliminar en los próximos tres a cuatro años, señala el empresario", para no tener un problema de deuda. "El modelo basado en el consumo interno es insustentable", agrega.

Del otro lado de la biblioteca, el consultor en comercio exterior Miguel Ponce coincide en que el sector no aportará los dólares necesarios. "Algunas importaciones bajarán, tanto por el nuevo dólar como también por la baja de la actividad. Y eso es encaminarse a una estanflación, una recesión con inflación", señala.

Dólar alto.

"Del lado de las exportaciones, solo los que se beneficien con una competitividad vía tipo de cambio verán un beneficio. Eso no permite una mejora sustancial de las exportaciones. Hay que buscar un equilibrio entre un modelo de inversión y uno de consumo interno. Los dos pueden ser compatibles", agregó Ponce.

Un análisis de Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, marca que la Argentina, "siendo el país con más inestabilidad en el marco de referencia económico en el que las empresas se desenvuelven en la región, ha sido el país con peor performance exportadora en lo que ha transcurrido del siglo XXI, en toda Latinoamérica (entre 2000 y el reciente 2017)".

En ese marco, Elizondo plantea que no alcanza con el tipo de cambio: las condiciones actuales que impiden a las empresas la acción en un marco de estabilidad (aun ante una eventual mejora en el tipo de cambio nominal consecuencia de la devolución del peso) "son una continuidad de condiciones crónicas de impredictibilidad en el ambiente de negocios. Y ellas (que se resisten a ser superadas) han hecho de Argentina no solo un país de escasa vinculación internacional sino además el de peor evolución de esas exportaciones en lo que ha trascurrido del siglo".