El Atlético derrota al Arsenal y jugará la final de la Europa League

Diego Costa, autor del gol del triunfo fue un martirio para la defensa del Arsenal. Amarga despedida europea de Wenger

Con el corazón o con lo que fuera, el Atlético alcanzó esa final con la que llevaba meses soñando. Agarrados a la furia de Diego Costa y la magia de Antoine de Griezmann, se plantaron en Lyon tras una eliminatoria de pleno sufrimiento ante el Arsenal. Con un letal remate del hispano-brasileño que todo un Metropolitano en trance quiso empujar como si el gol fuera suyo. En la final del 16 de mayo espera el Marsella.

A Costa le tenían pánico en Londres. Más concretamente en el Emirates Stadium. Allí habían padecido en las carnes unas cuantas fechorías suyas y por eso, cuando vieron que estaba recuperado, a más de uno se le hizo un nudo en el estómago. Wenger sabía que a sus muchachos de la retaguardia les esperaba una nochecita agitada. Y así fue. El delantero no se cansó de pedir el balón por más que se le subieran a la espalda los defensas. Y, claro, no se cansó de protestar al árbitro después de cada embestida rival para birlarle el balón. Incluso Koscielny, el hombre que no pudo frenar a Griezmann en la ida, pareció descomponerse al poco de comenzar el asunto. Costa debió percibir el pánico, le arrancó el balón y se lanzó contra el arquero Ospina, pero su remate, en el arranque del partido, esquivó el arco. Fue de lo más reseñable que hizo el Atlético en casi toda la primera parte.

Dominio del Arsenal en la primera parte

Porque hasta casi el descanso, retrasado por la grave lesión de Koscielny, precisamente, el Arsenal desplegó sus encantos por el Metropolitano. Por momentos, incluso pareció como si aún siguieran jugando con uno más. Entre Xhaka, Özil y Ramsey escondieron el balón frente a un Atlético que sólo podía correr detrás. Wenger había aleccionado bien a los suyos y el juego gunner se volcó sobre el flanco derecho. Allí Thomas no dejaba de recibir visitas. Siempre tenía a Welbeck a un palmo y cuando no, aparecía Monreal como una bala para sacarle los colores. Se defendió como pudo el centrocampista, al que Koke y Saúl tuvieron que echar unas cuantas manos. Merodeó la pelota por el área local, pero el Arsenal apenas aceleró el pulso de Oblak. Un par de aproximaciones que no requirieron de los servicios del esloveno.

Y en esas, con los vestuarios susurrando al árbitro, irrumpió Costa sin piedad. Es el miedo del que habló Simeone, esta vez en un solitario palco por su sanción, el mismo día que el delantero volvió a vestirse de rojiblanco. Un balón llovido del cielo tras un patadón de Oblak acabó en una conexión entre Thomas y Griezmann que el francés, con su locuacidad futbolística habitual convirtió en un balón teledirigido al hueco. Y por allí embistió a la carrera Costa para serenar la primera gran noche de un Metropolitano que se hizo mayor. Para hacer palidecer al viejo Wenger, que ya daba por bueno el empate. Un chorro de energía para afrontar ese último empujón hacia el último peldaño Lyon.

Aún pudo haber bajado un poco más la tensión si el propio Costa hubiera dado con la tecla en otro cara a cara con Ospina, recién estrenado el segundo acto. Thomas se sacó del bolsillo un envío a la espalda gunner, donde al delantero le faltó una brizna de chispa para dormir definitivamente la eliminatoria. El Arsenal siguió bombeando balones y el Atlético lanzándose a la contra agarrado a sus dos balas más letales. A ellas y, también, a Oblak, que tardó como una hora en sacar una de esas manos que hacen que media Europa se muera por sus guantes.

Pero el Atlético ya sabía cómo era eso de hacer sangre. Y como el Arsenal ya tenía inyectado el miedo en el cuerpo cada vez que veía asomarse desde lejos a Costa o Griezmann, el camino hacia Lyon se fue haciendo cada vez más placentero. Con los lógicos sobresaltos de una semifinal europea. Porque estos partidos, aparte de con la cabeza, hay que rematarlos con el corazón. Y por eso, seis años después, los rojiblancos volverán a pelear por la Europa League. Al fin y al cabo, allí empezó todo