En la búsqueda del nuevo psicoanálisis

03.09.2018

"Ser analista hoy", de Luis Hornstein, realiza un análisis de cómo esta teoría y método psicológico puede reubicarse en las prácticas sociales de la actualidad, donde las neurociencias y las soluciones farmacológicas cuestionan su eficacia

 "Ser analista hoy" (Paidós), de Luis Hornstein

¿Las encrucijadas suponen lograr un psicoanálisis contemporáneo, abierto a las otras disciplinas y al desafío que impone la clínica y la coyuntura sociocultural? Si el psicoanálisis no se actualiza perderá vigencia. Las encrucijadas actuales suponen replantear algunos interrogantes: ¿Cómo pensar la historia en psicoanálisis (determinismo, azar, recursividad)? ¿Cómo pensar la subjetividad? ¿Sistema abierto o cerrado? La identidad: ¿ser o devenir? ¿Cómo relacionar subjetividad y alteridad? ¿Cómo pensar la perdurabilidad del pasado en el presente? La infancia: ¿destino o potencialidad?

El psicoanálisis consiste en diversas escuelas y variadas prácticas clínicas. La lectura de Freud es un paso ineludible de afrontar. Pero no basta con Freud. Una lectura histórico-crítica-problemática de Freud implica relegar conceptos que se han vuelto impensables desde la racionalidad actual diferenciando entre la historia caduca y la historia constituida por el pasado actual (que define los conceptos aún válidos).

Para algunos el psicoanálisis ya no es contemporáneo. Otros ni deprimidos ni eufóricos enfrentar los nuevos desafíos clínicos, teóricos y transdisciplinarios. Una vez apareció en un periódico que Mark Twain había muerto. El escritor, que estaba vivo y con el humor siempre despierto, les mandó un telegrama: "Noticia de deceso muy exagerada". Twain no dijo "falsa", dijo "exagerada". Observen ese matiz.

¿Cómo situarse ante las encrucijadas de la clínica actual? Una práctica innovadora ha sido reducida a una técnica estereotipada, petrificada, sin lugar para la creación. A ese psicoanálisis petrificado se lo beatificó con adjetivos supuestamente positivos: "ortodoxo", "clásico", cuando no era más que una "idealización" retrospectiva, un photoshop de Freud... Una caricatura sin humor y sin alegría. La ortodoxia borra el espacio para la imaginación, pontifica que el pasado determina absolutamente el presente, ritualiza la diversidad Lo novedoso tiene que hacerse un espacio en una tradición que privilegia lo instituido. En su trabajo el psicoanalista puede refugiarse en la técnica "clásica". O puede poner a prueba su singularidad y la del paciente.

Si investigamos la causalidad psíquica, vemos la intervención de la causalidad biológica y de la cultural. Nadie ha podido postular ninguna inferencia lineal entre lo que se sabe del cerebro y la subjetividad. Hay fronteras. Para el psicoanálisis y para las neurociencias. Es un campo a explorar. No tenemos bibliografía específica (y las neurociencias tampoco). Habrá que crearla. Estamos obligados a pensar el psicoanálisis, con la física, la biología, las neurociencias, las ciencias sociales, la epistemología de hoy.

Luis Hornstein

Nuestro tiempo de ciencia y técnica es desesperadamente religioso y el deseo que desde allí se origina puede utilizar el resto diurno que le ofrece la teoría analítica. El riesgo existe porque el análisis, en una sociedad donde lo simbólico se va desmoronando, pasa a ser un referente cultural. Si el análisis toma el relevo de instituciones desfallecientes, iglesia, partidos políticos, familia, universidad deviene una cosmovisión.

El análisis de los condicionamientos sociales sobre la historia individual aporta un esclarecimiento particular sobre los conflictos "personales". Permite deslindar los elementos de una historia propia y los que comparte con aquellos que han vivido situaciones similares. Todos vivimos en un cóctel cuyos ingredientes son contradicciones sociales, psicológicas, culturales y familiares.

Tenemos derecho a tener un techo, a evitar la intemperie. Otra cosa es que un adulto pretenda la protección que se le da al niño. El infantilismo combina una exigencia de seguridad con una avidez sin límites y evita cualquier obligación. Mi infancia desgraciada, mi madre "castradora", mi padre ausente... Al demostrar que el ser humano es movido por fuerzas que conoce pero también por fuerzas que no conoce (lo inconsciente) el psicoanálisis proporcionó a cada cual una batería de pretextos para victimizarse.

El hombre actual sufre por no querer sufrir. Quiere anestesia en la vida cotidiana. Simples dificultades las considera sufrimientos.

¿Pero qué es "sufrir"? Sabemos que hay sufrimientos inevitables. Como también hay sufrimientos neuróticos. Se nos muere alguien querido, nos rechaza alguien que nos importa, alguien hace algo que nos decepciona... Todas pérdidas. Pero también son pérdidas ser despedidos del empleo, quebrar en una empresa... El otro está presente, aún más que en la alegría. Está presente una distancia: entre antes y ahora, entre realidad y fantasía. Eso duele. Es un dolor sano, que a veces se intenta extirpar con distintos psicofármacos, con alcohol o con otras conductas de evasión.

"Clínica" es el conjunto de prácticas y saberes con que lidiamos no solo con enfermedades y "trastornos" sino con el sufrimiento (el evitable y el inevitable). ¿Quiénes nos consultan? Generalizaré: personas con incertidumbre sobre las fronteras entre el yo y los otros; con fluctuaciones intensas en la autoestima; con vulnerabilidad a las heridas narcisistas; con gran dependencia de los otros o imposibilidad de establecer relaciones significativas; con intensas angustias y temores; con apatía, con trastornos del sueño y del apetito, con desesperanza, con hipocondría, con crisis de ideales y valores y con multiplicidad de síntomas corporales.