Fort Smith, "la ciudad más infeliz" de Estados Unidos

13.07.2018

La crisis alimentaria, en el corazón del país más rico del mundo, es una de las paradojas que se viven en Fort Smith, Arkansas.

"Aquí no se trata de que la gente tiene dificultad para conseguir comida. Es simplemente que no come".

Lo dice y después larga una carcajada nerviosa. Charolette Tidwell es una enfermera jubilada de 72 años que desde hace una década se viene gastando la mitad de su pensión en comprar alimentos para repartirlos entre 1.200 adultos y niños que aguantan hambre en Fort Smith, Arkansas.

"Yo me di cuenta de ese problema cuando en un supermercado local un tendero me contó la historia de una pareja que compraba comida para gatos para reemplazar las proteínas en su dieta", me cuenta Tidwell.

Charolette Tidwell fundó una organización para ayudar a la gente necesitada de Fort Smith

Pero el hambre solo es un síntoma de una crisis mayor.

La encuestadora Gallup midió durante 10 años el bienestar y la calidad de vida en 189 localidades estadounidenses y publicó una encuesta con los resultados en marzo de este año. Fort Smith se ubicó en el último lugar.

Por esa razón, varios medios, incluidos Business Insider y Yahoo Finance, la catalogaron como "la ciudad más infeliz" de Estados Unidos. "La encuesta mide cinco factores: propósito de vida, seguridad financiera, salud física, vida en comunidad y sociabilización. Y en esos aspectos, Fort Smith registró una calificación muy baja", dijo Dan Witters, analista senior de Gallup.

"Lo que vimos es que se trata de un ciclo que no logran romper: no tienen dinero para comprar comida, entonces se alimentan mal, entonces se enferman por eso. Y todos los indicadores de bienestar se ven afectados", agregó.

Fort Smith es la segunda ciudad de Arkansas y está ubicada en la frontera con el estado de Oklahoma, en el centro de EE.UU

"No es el 10%, es la mitad"

En Fort Smith, sin embargo, no parecen saber mucho sobre la encuesta que les otorga el título infame. En medio de las que fueron las barracas de la base militar de Fort Shafee -"donde Elvis Presley prestó parte de su servicio militar", se jactan- el sol cae con fuerza sobre un grupo bullicioso que disfruta de un festival de cervezas artesanales.

El evento es una idea conjunta de varios empresarios locales para recaudar fondos y donarlos a una fundación que trabaja con personas en situación de pobreza.

Entre ellos, vestido de pantaloneta azul y camiseta verde, está el reverendo Jim Horme, con un pequeño vaso de cerveza en la mano.

"Si me preguntas, una persona como yo, con un buen ingreso, es feliz en Fort Smith. Pero si le preguntas al resto de los ciudadanos, a los hispanos, a los negros, a los asiáticos, a los que ganan el salario mínimo, ellos no, ellos no la están pasando bien", explica Horme "Y resulta que ellos no son el 10% de la población de la ciudad. Son la mitad".

Las cifras de la encuesta de Gallup revelan, entre otras cosas, que los habitantes de este rincón de Arkansas no tienen una calidad de vida aceptable -o cuanto menos, tolerable- en tres asuntos fundamentales. Salud. Resguardo financiero. Y por sobre todo, seguridad alimentaria.

Muchos locales en el centro están cerrados y llevan esperando varios meses que alguien los ocupe.

Este último punto es clave: uno de cada cuatro menores de edad en Fort Smith ha padecido hambre en los últimos 30 días, de acuerdo al departamento de salud de Arkansas.

Y al menos 35% de las personas entrevistadas por Gallup en la ciudad dijo no tener suficiente dinero para comprar comida. Ahí es donde la enfermera Tidwell y su fundación Anthioc for Youth and Family entran en acción.

Después de pasarse la mañana clasificando alimentos junto a un par de voluntarias, Tidwell carga una camioneta con 172 bolsas de provisiones y ella misma la conduce hacia el lugar de entrega de esta semana: el conjunto residencial Nelson Homes, para personas retiradas que no pueden pagar un arriendo.

En el sótano, donde está el comedor comunal, Marcus Wright aguarda en una fila a que Tidwell le entregue su bolsa, sostenido apenas por un andador que le ayuda a movilizarse.

"Sin este mercado, me sería muy difícil poder comer".

Durante casi cinco décadas, Wright ejerció dos oficios: camionero y profesor sustituto. Y en todos esos años logró ahorrar un poco más de US$100.000 para su retiro.

Pero durante la crisis financiera de 2008 ese dinero se esfumó. Y quedó con una ayuda mensual del gobierno estatal de US$1.000.

"Pago 300 dólares de renta y el resto de lo que recibo del gobierno apenas me alcanza para pagar las visitas médicas y los remedios", cuenta el hombre, que tiene una afección crónica en los tobillos que le afectan la estabilidad.

Las facturas pueden llegar, en algunos meses, a los 800 dólares.

Entonces Wright no come, salvo que lo asistan.

Y esto ocurre en un país que desperdicia -esto es, tira a la basura- 36 millones de toneladas de comida al año, de acuerdo a un estudio de la Universidad de Arkansas.

En el caso de los niños, la situación es parecida. Por eso, tras dejar las bolsas a los ancianos, Tidwell conduce su camioneta hacia la escuela primaria Spradling.

Con su cabellera platinada y frondosa, Robyn Dawson, la rectora del colegio, se pasea por las instalaciones saludando a sus pupilos.

De los 800 estudiantes que tiene esta primaria, el 98% califica para recibir un subsidio de alimentos debido a que sus familias no ganan lo suficiente para poner a diario el pan sobre la mesa.

"Nosotros les proveemos dos comidas al día. Y tenemos la menor tasa de inasistencia de toda la ciudad, porque los niños saben que si no vienen, no comen", revela Dawson.

El problema, añade, es que tienen que estar abiertos todo el año, incluso en verano (de junio a agosto), porque cuando cierran -los fines de semana, por ejemplo- hay niños que pasan hambre.

La era Whirlpool

Es sábado por la tarde y las calles del centro de Fort Smith están vacías. Y muchos locales comerciales, abandonados, acumulan polvo y facturas vencidas. La primera impresión que deja este sector de la ciudad no es que sea un lugar infeliz, sino que está paralizado. Estancado.

Enaí López soporta el sol inclemente del mediodía en la calle principal, vestido con un traje de paño que se adivina incómodo para estas temperaturas.

Él es salvadoreño y llegó hace ocho años desde Portland, Oregon. Se dejó convencer por la foto que le envió un familiar que tenía una nevera llena de peces que él mismo había pescado en el río que rodea a Fort Smith.

Pero apenas entró a la ciudad se le esfumó la ilusión de la abundancia.

"Siempre que llego a un sitio mido su progreso en el número de construcciones. Y el primer mes que estuve acá no vi una sola".

"Después concluí que el estancamiento de este lugar tenía que ver con su conservadurismo. No tenían un solo edificio nuevo, pero habían hecho un monumento nacional en donde está la horca con la que se ejecutó a decenas de personas en el siglo XIX", agrega.

Un conservadurismo histórico y geográfico: Fort Smith está en el corazón de lo que se conoce como el "cinturón bíblico", un sector que abarca 12 estados del sur de EE.UU. donde la religión es casi tan importante como el agua.

Eso, en parte, ha hecho que las propuestas de renovación económica -basadas en una apertura social y financiera como la instalación de las oficinas centrales de empresas como FedEx y Walmart- no hayan calado aquí.

Fort Smith está en la lona y le cuesta levantarse. Lo que sí tienen claro sus habitantes es quién les causó semejante nocaut: Whirlpool.

"En 2006, la planta de Whirlpool, que producía neveras y lavadoras, cerró y dejó a 5.000 personas en la calle. Eso fue un golpe del que la ciudad nunca se recuperó", explica Talicia Richardson, vocera de la Asociación de Empresarios de Fort Smith.

Y como si ello no hubiera bastado, dos años más tarde llegó la gran crisis financiera.

Robyn Dawson es la rectora de la primaria Spradling, donde 98% de los niños necesita asistencia alimentaria.

A partir de 2008, los indicadores se deterioraron hasta alcanzar números en rojo. Un ejemplo: el 48% de los habitantes no tiene el dinero suficiente para comprar una casa (12% más que la cifra de media nacional), lo que afecta sobre todo la sociabilidad y el sentido de comunidad.

"Para acceder a una vivienda de dos cuartos en Fort Smith uno tendría que ganarse 30 dólares la hora. El salario mínimo es de US$8,2", explica Richardson.

Pero los peores registros son los de salud. Según el departamento sanitario estatal, un 18% de adultos ha sido diagnosticado con diabetes, un índice que no solo es el más alto del estado de Arkansas sino que duplica el promedio nacional.

Sin contar el tabaquismo: el 39% de las muertes de hombres en el condado se deben a enfermedades asociadas con el consumo de cigarrillos.

"La gente que no tiene seguro médico tiene que pagar las cuentas de los hospitales. Y a los que tienen seguro, se les va la plata en los medicamentos", me cuenta Hilda King, la manager de Nelson Homes.

"Si les quitaran al menos la mitad de esos gastos, la gente viviría más tranquila. Más feliz".