Libros: “El sol verde”, el bloque de hielo

21.09.2018

Excombatiente de Vietnam y expolicía, Kent Anderson dibuja la hostilidad de ambos mundos

El escritor norteamericano Kent Anderson

El mensaje más perturbador de -El sol verde-, la novela en la que Kent Anderson (Carolina del Norte, 1945) plasma su idea de lo que debe ser un buen policía, es que incluso en las situaciones más extraordinarias y demoledoras la rutina existe.

Ambientada en el Oakland de los años 80 y con una estructura basada en capítulos muy breves, pequeños relatos entre los que se cuela la trama principal, la historia del agente Hanson, un excombatiente de Vietnam que decide convertirse en policía para patrullar en solitario por una ciudad donde la maldad envenena tanto a los delincuentes como a aquellos preparados para combatirla, -El sol verde- destaca por el filtro de luz helada, casi siempre nocturno, que tamiza la acción y nos la muestra ralentizada, como si Anderson nos permitiese asomarnos a un mundo hostil, infectado por las drogas, el desencanto y la pobreza y, atrapado en un bloque de hielo, aislado así de la realidad; la imagen fija de la miseria que preferimos no ver y a la que el protagonista se enfrenta con la paciencia de un trabajador social.

Voz atípica

Hanson, que tiene muchos puntos en común con el propio Anderson, afronta la vida cotidiana de los bajos fondos completamente solo y, al menos al principio, incapaz de relacionarse, lastrado por la experiencia traumática de la guerra y con el único consuelo de un amor por la literatura cuyo valor a la hora de actuar como ayuda emocional se pone en duda desde el principio.

Sin embargo, con el desarrollo de la acción esto cambiará y una serie de personajes herederos de la narrativa arisca de Don Carpenter -inolvidable por títulos como -Dura la lluvia que cae- o -Los viernes en Enrico's- hará su aparición para romper la coraza del agente de policía y liberarlo de su anestesia, obligándolo a abandonar su papel de mero observador de los acontecimientos violentos que lo rodean y hacerlo partícipe.

Condecorado con dos estrellas de bronce por su servicio en Vietnam y ganador de dos de las más prestigiosas becas de escritura creativa de los Estados Unidos, Kent Anderson es sin duda una voz atípica de la novela negra actual y su mayor defecto, el ritmo excesivamente pausado que caracteriza su estilo, es al mismo tiempo su gran virtud: leerlo es como visionar con extrañeza y fascinación una prueba de atletismo a cámara lenta.