Buena sorpresa argentina en el festival de cine

"Hacía tiempo que tenía ganas de contar una película que tenga que ver con la adolescencia",  dijo Pablo Giorgelli  mientras repasaba una y otra vez la historia de "Invisible", coescrita junta a María Laura Gargarella. 

 "Invisible", otra de las buenas sorpresas del cine argentino en la competencia internacional del festival, es el derrotero de Eli (Mora Arenillas), una joven de pocas palabras, casi sin sonrisas y que vive una rutina de adulta pese a que tiene apenas 17 años.

   Filmada en el barrio de La Boca, el lugar en el mundo del director porteño que debutó con "Las acacias", este segundo largometraje transita por los mismos caminos de desamparo y soledades que rondaba en aquel debut que ganó como mejor ópera prima en el Festival de Cannes en 2011.

   "Eli atraviesa primero un conflicto interno con su adolescencia, segundo con su hogar y la relación con su madre y tercero con ese embarazo no deseado y la posibilidad o no de abortar. Pero a mí me interesaba contar además el contexto social, político y económico de ella, y ese contexto, que aunque fue filmada hace un año, es el mismo de ahora, tiene que ver con el sistema capitalista, la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades, la dificultad del acceso a la salud y a la educación pública. Eso ahora se agravó pero siempre estuvo presente en nuestra sociedad", dijo Giorgelli.

   El director dijo que "para las clases populares, este sistema capitalista genera desigualdades y ahora está un poco más desatado, está peor. Y ese sistema tiene consecuencias directas y concretas con personas de las clase trabajadora", y ratificó que en este filme, al igual que en su debut, volvió a atravesar la temática de la pertenencia de clase, voluntaria o involuntariamente.

   "Esta no es una película sobre el aborto", aclara Giorgelli, quien dijo que empieza a "redescubrir" la película "con los ojos de los otros" en esta primera exhibición argentina, tras pasar en una de las competencias oficiales del festival de Venecia. "Esta es una película popular, con un lenguaje simple, accesible, no fue pensada para una elite ilustrada, puede acceder cualquier tipo de espectador", pese a que en la sección Orizonti, de la muestra veneciana, se la tomó como un filme "de un riesgo artístico mayor", pese a que esa no es la misma visión del realizador. "Trabajé mucho para que sea una película que vaya al hueso, sin distracciones del conflicto interior del personaje", apuntó.

   Eli parece una chica común y corriente, a la que no le interesa demasiado el colegio secundario, que tiene un trabajo de medio turno en una veterinaria y que tiene el deseo sexual a flor de piel como cualquier adolescente. Un romance con su jefe le pondrá la vida patas para arriba. No por la relación fría y distante que tiene con este hombre mayor que ella, casado y con hijos, sino porque de ese vínculo surge un embarazo no deseado.

   Ella estará decidida a no tener a ese bebé, primero intentará con pastillas para abortar y después recurrirá a una clínica ilegal especialista en cobrar primero y atender al paciente después. Esta situación, sumada a la depresión de su madre y al vacío de una vida con pocas oportunidades y menos alegrías, provoca que Eli vuelva a cuestionarse hasta qué punto llevar este aborto adelante. Aunque lo hará a través de planos largos, miradas con ojos vidriosos, con pocos gestos y mucho sentimiento.

   "Esta es una película recontra concentrada, fuimos al hueso", finalizó.