Valles Calchaquíes: cerros, cardos y vinos

Para el próximo finde largo te presentamos un recorrido de naturaleza y cultura.

Esta región, forjada por la historia preincaica y colonial, promete un recorrido inolvidable por sus más de 500 kilómetros de montañas coloridas y paisajes diversos. Bodegas, sitios arqueológicos y museos son algunas de las atracciones que ofrecen los Valles Calchaquíes.

A 2.000 metros de altura, los valles poseen una fantástica geografía tallada por el viento y el sol, coloridos secadores de pimientos, iglesias, sitios arqueológicos, museos, atractivos naturales y bodegas con emblemáticos vinos inspiradores de grandes poetas y leyendas vallistas, resguardadas por la cordialidad de su gente bajo el cielo azul calchaquí.

¿Cómo abarcar los valles?

La propuesta es hacer una especie de triangulación entre Salta capital, Cachi y Cafayate. Entonces habrá que tomar la ruta 68, pero ahí nomás a unos 15 km los Cerrillos, en el valle de Lerma, un pueblo de casas bajas que enseguida trae a la memoria el tema La cerrillana y a Los Chalchaleros, cuando cantan: "Monté del caballo, me puse cerca pa' mosquetear/ Con el alma en un hilo, mi negra linda, te vi bailar./ Cómo olvidarte cerrillos/ si por tu culpa tengo mujer./ Morena cerrillana, con alma y vida te cantaré. /Todos los carnavales./ Para cerrillos te llevaré.(...)"

Claro que previo a los valles en sí, está la Merced y el Carril, encantadores ambos como cada rincón por allá arriba donde las iglesias y las plazas enfrentadas dominan los poblados.

Ahí la beldad de la zona vallista, una cuesta que obligará a esta atentos al camino y al paisaje, son unos 20 kilómetros de recorrido hasta la 40, y habrá que tomarla mientras zigzaguea hasta el mirador de la Piedra del Molino, a 3.340 metros de altura.

Allí es el Parque Nacional Los Cardones y la inmensidad se hace lugar, pero de estos gigantes de espinas (que recién bien adultos dan sus flores por vez primera y que son resguardados para que no se abuse de corte para artesanías), sólo se usan los secos y ya caídos, e inspiran al viajero. Seguramente hará más de una parada, y se acercará a uno de estos cardones para sacarse una foto y dimensionar el tamaño.

Cerca se encuentra Cachi, que se reconoce desde más lejos por el Nevado de Cachi que lo custodia.

Ahí nomás Payogasta, sitio en el que se halla el viñedo más alto del mundo, a 3.700 metros sobre el nivel del mar.

Más fotos y además de vides encontrará los campos de ajíes que, según la época del año, lucen verdes o rojo sangre, y en el verano el secado de estos para la elaboración del famoso pimentón para las empanadas, es un espectáculo en sí mismo.

En Cachi está obligado a degustar sus mentadas empanadas, mientras las guitarras no dejen de tocar, pero también su bella iglesia con el altar de cardón y ese entramado de calles tan sencillo que en un abrir y cerrar de ojos se ve entero. Para los que quieren saber más sobre el pasado de estas tierras el Museo Antropológico. Algo más en excursión puede ir hasta los sitios arqueológicos La Paya y Las Pailas. Vale cada tramo ya que las plantas curativas, las costumbres de los locales y hasta los misterios y leyendas de las rocas, se dan lugar.

En el derrotero de poblaciones escondidas de los Valles, se encuentra Seclantás, por la Ruta 40, "capital del poncho salteño". Luego Molinos y más allá Angastaco, con su espectacular Quebrada de las Flechas, donde el viento, la lluvia y los siglos hicieron esta creación natural que fascina.

La ruta sigue su curso y los paisajes entre cerros y pequeños blancos deja ver las usanzas locales. Tras San Carlos, aparece Cafayate, la reina del Torrontés.

Allí, además de recorrer cada cuadra plagada de artesanías y muy buena gastronomía acompañando los excelsos vinos, hay que realizar la experiencia del Museo de la Vid y el Vino; se disfruta y se aprende en cada sala. Las bodegas ofrecen visitas y degustaciones, y lógicamente no hay que perdérselas.

Saliendo de Cafayate hacia Salta capital por la ruta 68, se aprecia la Quebrada de las Conchas, donde pueden verse formaciones rocosas de intenso color terracota, como El Anfiteatro y Garganta del Diablo, originadas por la erosión. Artesanos a la vera del camino, llamas y gringos para la foto, muchas paradas para deleitarse con un paisaje espléndido.

Luego el viajero deberá decidir ir hacia los médanos a jugar un rato, hacia el Dique Cabra Corral a disfrutar de deportes náuticos o seguir hasta Guachipas con sus 33 cuevas con pinturas rupestres. Para regresar a Salta lo hará por El Carril, La Merced y Cerrillos, como cuando venía.