A pesar de los acuerdos, la inversión extranjera directa es apenas un tercio de la financiera

Con 58 tratados bilaterales vigentes, la IED nunca despegó en Argentina

El Gobierno motorizó, durante la última semana, la idea de que el acuerdo UE- Mercosur logrará finalmente atraer una lluvia de inversiones productivas. La posición fue explicitada por el ministro de Producción, Dante Sica, quien afirmó que "genera un cambio de expectativas en los inversores". Sin embargo, los especialistas afirman que la mera liberalización de mercados no alcanza para traccionar formación bruta de capital fijo y destacan que Argentina ya suscribe a más de 50 Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) con resultados magros: en el último año los dólares para inversión productiva fueron apenas un tercio de los que ingresaron para lo financiero.

Un informe reciente de la Undav afirmó al respecto: " Argentina ya tiene vigentes muchos TBI con varios de los países de la UE desde la década de los 90 cuando estos comenzaron a proliferar. Con lo cual, es poco probable encontrar resultados en este sentido. Las inversiones tienen más posibilidades de dirigirse a los sectores objeto de la primarización. Si Argentina con el acuerdo se encamina hacia una primarización y a un desarme de sus sectores industriales, entonces no tiene sentido pensar que las inversiones se orienten hacia esos sectores". El economista de Undav, Sergio Chouza, agregó "El tema es que el segmento primario no tiene un problema de insuficiencia de capital. Y las inversiones en Vaca Muerta no dependen de estos acuerdos".

La de la espera por una lluvia de inversiones extranjeras productivas es una historia conocida. Arranca incluso mucho antes que la expectativa del actual Gobierno de generar un aluvión de confianza. Ya en los primeros años de los 90 Argentina comenzó a firmar los conocidos TBI, cuyo espíritu era brindar un marco beneficioso a las empresas extranjeras que decidieran traer sus dólares con fines productivos.

Los TBI incluyen cláusulas que permiten remitir libremente todas las utilidades, que prometen que los conflictos se resolverán en tribunales extranjeros y que garantizan que las inversiones recibirán igualdad absoluta en el trato respecto a las empresas locales y también a las de otros países. Hacia 1993 el país ya contaba con un marco legal sumamente atractivo, que incluía a la Ley de Inversiones Extranjeras, hoy todavía vigente, al igual que 58 de los TBI, aún firmes.

En el último año, los dólares por IED fueron US$3.468 M y por finanzas, US$10.102 M

Sin embargo, los números actuales de ingresos de dólares para realizar inversiones productivas son magros. En mayo entraron US$161 millones. Nada comparado con los US$1.100 millones que ingresaron para aprovechar la supertasa. Mucho menos con los US$5.553 millones que entraron los propios residentes argentinos para desarmar sus posiciones en divisas (su contraparte, la compra para fugar, llegó a US$8.050 M).

Ya en los 90 el resultado en inversiones se había movilizado más por la compra de empresas ya existentes que generación capacidades productivas nuevas. Primero fueron las privatizaciones y luego la adquisición de empresas. Una investigación del economista Matías Kulfas señaló que entre 1992 y 1998 sólo el 30% de la inversión extranjera directa correspondió a aportes de capital (empresas nuevas o ampliaciones). Un total de US$8.318 millones. También mostró que durante esa década.

El director de Epyca, Martín Kalos, comentó "La inversión extranjera de los 90 primero fueron privatizaciones y después aprovechar el cambio barato para comprar empresas que eran negocios ya establecidos. El porcentaje sobre el PBI fue bajo respecto a lo esperable. Los más de 50 vigentes hoy garantizan un marco legal beneficioso y las empresas no vinieron. ¿Por qué tenés que dar aún más beneficios y seguridad? Podés dar lo que quieras pero si no hay una economía creciendo, si no hay un mercado que dé perspectiva de ventas y ganancias, difícil que las empresas vengan".