La medida fue
aprobada por unanimidad y reconoce que los árboles tienen derecho a vivir,
crecer y regenerarse, destacando que no solo producen oxígeno, sino que también
protegen la biodiversidad, mejoran la calidad del aire, reducen el calor
extremo, ayudan a prevenir inundaciones y fortalecen la adaptación de las
comunidades frente al cambio climático.
Aunque la
resolución tiene un fuerte valor simbólico, el municipio también anunció que
reforzará la protección de su arbolado urbano y revisará sus normas para
conservar mejor sus espacios verdes.
En una época
marcada por incendios forestales, temperaturas récord y pérdida de ecosistemas,
esta pequeña comunidad canadiense lanza un mensaje poderoso: quizá ha llegado
el momento de dejar de ver a los árboles solo como recursos y empezar a
reconocerlos como aliados esenciales para la vida.
Se ha dado un
paso tan simbólico como innovador: reconocer a los árboles como seres vivos que
merecen protección y poseen derechos fundamentales, entre ellos el derecho a la
vida, al crecimiento natural, a la integridad y a la regeneración.