¿Hay soluciones a la vista?
Cuando un
suelo está degradado significa que perdió su capacidad de hacer crecer plantas
sanas, algo que también se conoce como fertilidad. Aunque hay causas naturales
vinculadas a las inundaciones o aumentos de la temperatura (donde también se
debate hasta qué punto esos eventos suceden por culpa de la acción humana), el
científico de la UNQ afirma que gran parte de la degradación tiene que ver con
el uso que se hace de él.
"A veces
hay ciertos suelos que no se adaptan al nuevo uso y funcionan durante un tiempo
hasta que se degradan. En el caso de la agricultura, la utilización excesiva
también lo perjudica", resalta Wall, quien fue nombrado como embajador del
año por la Sociedad Internacional de Ecología Microbiana.
En este
aspecto, los fertilizantes y los químicos orientados a maximizar el rendimiento
de la agricultura impactaron en el funcionamiento biológico de los suelos, ya
que fueron explotados hasta perder la capacidad de absorber el agua o nutrir a
las plantas.
En
consecuencia, los suelos dañados no sirven para criar animales, hacer cultivos
ni generar alimentos. A su vez, tampoco se pueden crear elementos que son
útiles para la industria textil o materiales para la construcción. "En un
terreno así no se puede producir biomasa, que es lo que generan las plantas de
cultivo, los árboles y los animales", resalta el investigador. Entonces,
las poblaciones que viven en esas zonas deben adaptarse de alguna manera o
migrar hacia otras zonas.
Sin embargo,
no todo está perdido y existen alternativas que apuntan a reconstruir el suelo
mientras se lo sigue utilizando. Por ejemplo, una de las opciones es la
agricultura regenerativa, donde no solamente se hacen cultivos para cosechar y
extraer un producto, sino que también nutren la tierra.
"Se los
conoce como cultivos de servicio porque, con distintas diversidades de plantas,
le hacen un servicio al suelo. No obstante, la regeneración no es azarosa y no
es cuestión de dejar que la naturaleza lo haga. Así como el hombre genera la
degradación de los suelos, tiene el conocimiento para regenerarlos",
subraya Wall.
Según la Convención
de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, órgano que impulsa
de la COP16, cada año se pierden 100 millones de hectáreas de tierras sanas y
productivas, lo que equivale casi a la superficie total de Bolivia. Para
revertir esta situación, explican desde ONU, es necesario restaurar 1500
millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030.
Info: Nicolás Retamar ·
Agencia de Noticias Científicas