Cerró sus
puertas la histórica fábrica mendocina Gonzalo, una Pyme familiar dedicada
desde hace más de 50 años a la producción de sus famosas papas fritas y snack.
El domingo pasado, el dueño les mandó un mensaje por WhatsApp a sus empleados
anunciándoles que la fábrica entró en concurso de acreedores y tuvo un pedido
de quiebra, por lo que no volverá a abrir.
La historia de
empresa familiar mendocina comenzó cuando Gonzalo García, un inmigrante
español, comenzó a hacer papas fritas para disfrutar con sus amigos, se
hicieron tan famosas que tuvo que comenzar a producirlas en su propia casa. El
mejor momento de la empresa fue hace más de 30 años cuando pudo crecer y
expandirse. Se asoció con el fundador de Vea, José Ángulo y ahí comenzó su
expansión.
La empresa familiar
continuó la tradición con el hijo del fundador José Antonio García Requeno y
con sus hijos Leandro Damián García y Pablo José García, que desde chicos se
criaron en la planta y tras terminar la secundaria se incorporaron a la
empresa. La fábrica se dedicaba a la producción de papas fritas, palitos de
maíz, palitos salados, maní salado, maní tostado, pororó, pipocas, bolitas
crocantes, conitos, cascarones, pancetitas, aritos de cebolla, tutucas y
puflitos (bolita crocante comestible tipo chizito). Hasta contaba con una
tienda virtual.
Todo parecía
marchar bien, pese a que en octubre uno de los nietos del fundador se quejaba y
pedía paciencia a sus clientes porque por la helada no conseguía la papa
necesaria para continuar la producción. Sin embargo, contaba que en el norte
había conseguido otra variedad de papa que también le servía.
Una empresa
muy querida entre los mendocinos que pasaron toda su niñez y adolescencia
comprando estas famosas papas fritas. Su plantel es de 25 trabajadores tienen
en promedio entre 20 y 35 años de trayectoria en la empresa, la mayoría conoció
a los actuales dueños, la tercera generación, desde que eran pequeños y
correteaban por la fábrica.
Pese a que los
trabajadores de Gonzalo llevan años en la empresa, el dueño José Antonio García
Requeno no encontró mejor manera que informarles a los trabajadores la difícil
situación de la empresa que a través de un mensaje de WhatsApp. El domingo
pasado a las 14 horas les mandó un mensaje "nos decía que no iba a abrir
hasta nuevo aviso porque la empresa tenía una gran deuda que la terminó
llevando a la quiebra. Seguimos con la incertidumbre, sin respuestas, ni
tenemos un telegrama de despido. Cruelmente cuando nos estábamos por sentar a
comer con nuestras familias recibimos la noticia de que 25 familias nos
quedábamos en la calle por una deuda de más de 100 millones de pesos que tiene
la empresa con nuestra obra social y los proveedores", contó Luis Sartorio,
un trabajador con 31 años de trayectoria en Gonzalo.
Si bien en la
semana pasada todo parecía normal, en los últimos meses los trabajadores
cobraron los sueldos en cuotas. Notaron achiques para ver si podía alquilar una
parte de la propiedad para sumar ingresos. Sumado a una baja en las ventas, no
recibían los insumos en tiempo y forma. "Hubo una baja en el consumo, este
año fue muy malo para todos los que se dedican al copetín. Sumado a que
tuvieron un inconveniente porque no conseguían papas porque fue un invierno muy
crudo", contó a un canal mendocino el trabajador.
Los
trabajadores están muy angustiados porque no saben si van a cobrar el sueldo
del mes trabajado y ni noticias tienen de una indemnización. "En uno de los
mensajes el dueño dijo que podemos disponer del mobiliario y las máquinas que
se encuentran dentro de la fábrica. Nos gustaría armar una cooperativa y seguir
utilizando las máquinas y las instalaciones. Pero necesitamos ayuda porque
tenemos las obras sociales cortadas, no sabemos si nos pagarán el sueldo.
Encima somos grandes y nos angustia no saber cómo seguir", dijo Luis, uno
de los trabajadores más antiguos de Gonzalo.
Según la
publicación mendocina Sitio Andino la familia buscó pedir un préstamo bancario
que le fue denegado. "La empresa mendocina mantiene una deuda de 75 millones
de pesos solamente con la AFIP (hoy ARCA), que sumada a otras obligaciones
lleva el endeudamiento a una cifra superior a los 100 millones de pesos. Ha
ingresado un pedido de quiebra contra la empresa, por lo que frente a estas
causas no podemos continuar. La empresa está en cesación de pagos, con una
quiebra que no podremos evitar", aseguró el comunicado de la empresa.
Pese a que
dejó trascender que les dejaba los bienes a los trabajadores, en un comunicado
anunció "una vez intervenga en la causa el síndico designado- se rematarán
todos los bienes (maquinarias, móviles e incluso el inmueble) para afrontar el
pago de las indemnizaciones de los empleados, que tendrán 'privilegio especial'
sobre esos fondos", explicó Sitio Andino.
Otra empresa
más que baja las persianas, hace unos meses cerró una planta Canale en la misma
provincia.