Fermentación local y especial
Aunque se
asocie a las bacterias como algo malo que enferman, también existen otras que
son buenas. Denominadas bacterias lácticas, se utilizan en la industria de
alimentos y su función es modificar el sabor y el aroma. Por ejemplo, el
yogurt, el queso y el salamín son algunos de los productos más conocidos que se
crean de esta forma. A su vez, una bebida probiotica que contiene
microorganismos vivos beneficiosos para la salud y que ganó terreno en los
últimos años es el kéfir, también elaborado con bacterias lácticas.
Si bien la
fermentación del vino suele ser realizada con levaduras, existe otra que se
realiza con bacterias lácticas (llamada fermentación maloláctica), que
disminuyen la acidez, les otorgan aroma y sabor a los vinos. Sin embargo, los
productores que eligen esta forma se encuentran con que los iniciadores
malolácticos son extranjeros, es decir que se importan y se pagan en dólares.
"Los
bodegueros compran estas bacterias que vienen de otros países y tenemos dos
problemas. En primer lugar, que se venden a precio dólar y es complicado por el
tema de las importaciones. Además, la cuestión central es que los sabores y
aromas que generan estas bacterias en los vinos vienen de Francia, de Italia o
Estados Unidos. Entonces, se pierde lo nuestro que es el sello argentino",
cuenta Bravo Ferrada, docente de la UNQ e investigadora del Conicet.
Y continúa: "Hace
17 años nos pusimos como objetivo identificar bacterias del ácido láctico que
sean de vinos argentinos y para vinos argentinos. Entonces, se aislaron
bacterias de la Patagonia y del centro de la provincia de Buenos Aires. Una vez
que las tuvimos en el Laboratorio empezamos a analizarlas y caracterizarlas
porque tenían que generar los metabolitos adecuados y no otros que son
indeseables en cualquier producto alimenticio".
Cuando
definieron cuáles eran las mejores bacterias comenzó otro trabajo, que
consistió en observar si seguían vivas y cumplían su función luego de ser
secadas y almacenadas. Después de ponerlas en el vino para que fermenten y le
otorguen el aroma y el sabor deseado, las científicas crearon el primer
iniciador maloláctico argentino.
Aunque pueden
hacerse muchos experimentos y pruebas piloto, en los laboratorios todavía no
pueden elaborarse vinos. Por eso, las investigadoras se asociaron con el Centro
de Enólogos de Buenos Aires para producir los primeros vinos con sello UNQ.
Realizados con la fermentación maloláctica a partir de las bacterias aisladas
por las propias científicas, se llevó a cabo una cata con especialistas y se
obtuvo un producto de alta calidad.
"Siempre le
digo al grupo de investigación que el nuevo objetivo es salir del laboratorio
para ofrecer un producto que necesita la industria y la sociedad productora.
Tenemos una bacteria y un iniciador maloláctico donde no se va a perder el
sabor argentino. Para nosotras sería un sueño ver nuestro vino en las vidrieras
y en los comercios", destaca la científica.
El Laboratorio
de Microbiología Molecular de la Universidad Nacional de Quilmes es dirigido
por Liliana Semorile y del proyecto participaron Elizabeth Tymczyszyn, Bárbara
Bravo Ferrada, Natalia Brizuela, Danay Valdes La Hens, Lucrecia Delfederico,
Marina Navarro, Naiquen Flores, Gabriel Rivas y Andrea Guillade.
Info: Nicolás Retamar