"De las
cien camas que se dispusieron durante la pandemia y que desde ese entonces el
PAMI utiliza el 75% de manera habitual, en los últimos días no hay ninguna
nueva ocupada", sentenció el dueño de una clínica privada que brinda
atención a los afiliados de la obra social de los jubilados. No es que haya
caído la demanda, sino que el PAMI dejó de pagar el total de las atenciones
durante marzo. Otro dato que grafica la grave situación real: hasta fin de mes
no habrá más provisión de prótesis de caderas, una de las afecciones más
recurrentes de los integrantes de la tercera edad, también por falta de pago,
según anunció el principal proveedor.
El plan de
superávit fiscal para forzar la estabilidad macroeconómica diseñado por el
ministro Luis Caputo y reclamado por el presidente Javier Milei para achicar el
Estado dejó de ser un eslogan positivo y se convirtió en un búmeran que puede
profundizar más aún la imagen negativa del Gobierno. Sucede que la crisis
sanitaria que se activó en el país por la reducción de asistencia a áreas
sensibles, como Salud, está en ebullición. Ausencia de vacunas, limitación de
atención médica, faltantes de medicamentos y hasta cierre de unidades de
asistencia para jubilados son una amenaza que dejó de ser latente y empezó a
ser realidad.
Fuentes del
sector privado de la salud aseguraron que la situación es "terminal". "Los
viejos se van a morir en los hospitales sin ningún tipo de dignidad. Esto va a
ser peor que la pandemia cuando llegue el invierno", se alarmó el
secretario de Salud de un municipio del norte del Conurbano bonaerense. Los
intendentes vieron crecer de manera significativa la atención en los centros
primarios de salud que dependen de ellos. Algunos por atención médica, pero
también por vacunas y medicamentos, según el relevamiento que realizó este
medio en una docena de comunas y provincias de distintos puntos del país.
La crisis de las clínicas y el
desfinanciamiento
Días atrás,
Caputo recibió las quejas de su par de Salud, Mario Lugones, por la escasez de
recursos para afrontar las cuantiosas deudas que tiene esa cartera en distintas
prestaciones, pero en especial con el PAMI. Esta "tormenta
perfecta" de desfinanciamiento es interpretada por diversos actores
sanitarios como un problema estructural y cíclico en la Argentina. La crisis se
agrava por el déficit de origen del PAMI, profundizado por la falta de aportes
del trabajo registrado, lo que deriva en pagos atrasados, cuotas y cambios
continuos en la forma de prestación.
El resultado
de este ciclo crónico es que las clínicas privadas PAMI-dependientes terminan
recortando servicios para evitar la quiebra o dejan de prestar atención por
completo. Esto empuja a los afiliados hacia el sistema público, que asume la
demanda con la promesa de cobrar mediante sistemas de autogestión, pero que
finalmente termina recibiendo pagos tardíos o liquidados con valores
prestacionales obsoletos.
Una clínica
del Conurbano bonaerense es un caso testigo. Tiene una cápita de casi 15.000
afiliados de PAMI y le garantiza un 75% de sus prestaciones a los jubilados. El
25% restante la ofrece al mercado, siendo que esas plazas suelen ser compradas
por derivaciones de otras clínicas o sanatorios, también del PAMI. En la
actualidad, bajo esa modalidad de venta en excedentes existen 45 internados,
cuando habitualmente eran 20. Lo que pasó es que ya hay centros de salud que
dejaron de prestar atención por falta de pago o por cierre.
Las clínicas y
sanatorios deben afrontar el pago total de los salarios de su personal, los
insumos y el catering de los pacientes, pero cobran con un delay de tres a
cuatro meses. Según confirmó el dueño de una clínica bonaerense, desde enero el
pago se desdobló, abonándose el 85% al inicio del mes y el 15% restante en los
últimos días. Pero en marzo llegó una noticia fulminante: sólo recibieron el
pago inicial de las prestaciones que se hicieron en diciembre. "No pagaron
el 15% restante. Ya no podemos financiar más al PAMI", se quejó el
empresario.