Investigadores
de América Latina, España y Portugal investigan y difunden la importancia de
los cultivos ancestrales en la región como la quinoa, el amaranto, la chía, las
legumbres y los maíces andinos. Aunque no son los alimentos más utilizados en
la actualidad, registran un alto valor nutricional y biológico, ya que son
resistentes al cambio climático y pueden contribuir en la lucha contra el
calentamiento global. Según datos de la Organización Internacional para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), en el último siglo se perdió el 75 por
ciento de la diversidad agrícola y solo 9 cultivos representan más del 65 por
ciento de la producción total. En este contexto, los científicos crearon una
red que, además de estar integrada por académicos, universidades y organismos
públicos, está compuesta por asociaciones de consumidores, empresas y hasta
especialistas en cocina. A partir de estas plantas que tienen miles de años, el
objetivo es crear productos saludables, sabrosos y que sean socialmente
aceptados.
"Todos
estos cultivos están subutilizados y nuestros ancestros los han preservado con
su cultura, con su sabiduría ancestral, y han perdurado hasta nuestros días. Lo
que pasa es que no son muy conocidos, entonces trabajamos no sólo para
investigarlos, sino también para difundirlos a nivel internacional", cuenta
Claudia Mónika Haros, coordinadora de la Red de Valiosas Semillas
Iberoamericanas (Red ValSe-Food).
Aunque algunos
de ellos comenzaron a popularizarse como "súper alimentos" y cada vez hay más
comercios especializados en estos tipos de productos, lo cierto es que todavía
ocupan un lugar menor en las comidas cotidianas. De hecho, en el caso
argentino, diferentes informes advierten que la población consume entre 90 y 95
por ciento menos de legumbres que el promedio mundial. Mientras que a nivel
global se ingieren alrededor de 8 kilos por persona cada año (según datos de la
FAO), documentos del exministerio de Agroindustria y la Cámara de Legumbres de
la República Argentina afirman que en el país la cifra oscila entre 250 y 800
gramos.
Cultivos luchadores
Las semillas,
los granos y las legumbres ancestrales latinoamericanas, en particular aquellas
de las zonas andinas, se destacan por combatir en varios frentes. En primer
lugar, el paso del tiempo y la productividad agrícola a gran escala. A pesar de
que cada vez se producen menos variedades y los monocultivos acaparan grandes
extensiones, lo que no solo afecta la biodiversidad, sino también la calidad de
los suelos, las diferentes variedades de maíz y porotos fueron resguardadas por
comunidades locales.
A su vez,
estos cultivos podrían ocupar un lugar central en el combate contra la
desnutrición y la malnutrición, ya que se destacan por su alto contenido de
nutrientes y proteínas. Además, son bajos en grasas, sodio, y no tienen
colesterol, lo que ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
En este aspecto, se estima que alrededor de 2800 millones de personas en el
mundo no tienen una dieta saludable, lo que se traduce en altos índices de
obesidad.
De igual
manera, estos cultivos ancestrales pueden contribuir en la lucha contra el
calentamiento global. Así lo explica Haros: "Son resilientes al cambio
climático, se adaptan perfectamente y dan respuesta a la seguridad alimentaria.
Necesitamos rotar los cultivos y aumentar la biodiversidad porque se están
deteriorando los suelos. Cada vez hay más zonas que se inundan y tienen grandes
sequías, y estos cultivos pueden ayudar a resolver estos problemas".
Guía para reconocer
Según la
investigadora, las claves para que la sociedad conozca y se apropie de estos
cultivos pasan por la educación, la divulgación y las políticas públicas.
Aunque la demanda de quinoa aumentó en los últimos años y sus principales
compradores son Estados Unidos, China y algunos países de Europa, todavía queda
mucho trabajo por hacer a nivel local y regional, donde estos alimentos son
vistos de reojo por muchas personas.
En este
aspecto, Haros relata que "son cultivos nuestros y son nutritivos, pero se
rechazan porque no se conocen. Por ejemplo, hace algunos días estuve en Perú y
todo este tipo de cultivos se consideran alimentos de indígenas, entonces se
subutilizan y se desechan. Hay una gran ignorancia con respecto al valor
nutricional y sanitario que pueden brindarnos".
Por eso,
destaca la científica argentina que coordina la Red ValSe-Food, es importante
que se trabaje en las escuelas y que los investigadores realicen tareas de
divulgación para llegar a la mayor cantidad de personas. "Necesitamos dar a
conocer sus características para que toda la sociedad los demande y que no sea
privilegio de unos pocos".
Asimismo, otra
línea de acción está ligada al rol que pueden jugar las políticas públicas
contra los productos que no son nutritivos y cuyo consumo en exceso es
perjudicial para la salud. "No todo el trabajo lo tenemos que hacer los
científicos, los gobiernos también tienen que hacerse cargo y apoyarnos. Las
autoridades sanitarias deben tomar cartas sobre el asunto y frenar no solo la
publicidad engañosa, sino también los alimentos con altos contenidos de
azúcares, grasas y sodio", subraya Haros.
Una Red Plural
La red de
valiosas semillas iberoamericana integra casi 200 investigadores de 12 países
de la región. Todos los años realizan reuniones para exponer trabajos de
investigación sobre estos cultivos y además publican libros, dictan cursos
internacionales y realizan diversas tareas de divulgación. El propósito de la
Red es desarrollar nuevos ingredientes de cultivos ancestrales para ser
integrados a la dieta por sustitución parcial o total de ingredientes críticos,
a través de la creación de productos innovadores, saludables, sostenibles,
sabrosos y socialmente aceptados. Recientemente, el investigador de la Universidad
Nacional de Quilmes, Darío Cabezas y su grupo conformado por Daniela Igartúa y
Yeisson Moscoso Ospina fueron invitados a formar parte de la Red. Su equipo
trabaja en el estudio de granos no tradicionales para el desarrollo de
alimentos nutritivos.
Info: Nicolás Retamar ·
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