Estar triste
te invita a la introspección. Te lleva a hacer un ovillo con tu cuerpo y
escuchar música melancólica. Reaccionar de esta manera no es casualidad; todo
responde a un mecanismo neurobiológico muy sofisticado, ligado a las hormonas
de la tristeza. El objetivo no es otro que invitarte a que te detengas y
reflexiones desde la quietud sobre aquello que altera tu calma y homeostasis.
Estamos ante
una respuesta normal frente a una circunstancia adversa, y en este proceso
intervienen varias sustancias químicas que secreta el cuerpo. Nuestros
circuitos subcorticales, como la amígdala, promueven su liberación. Lo más
importante es recordar que la tristeza tiene una trascendencia y utilidad.
Ahora, comprendamos qué componentes neuroquímicos están involucrados en su
aparición.
Cortisol, la reacción ante una
"amenaza"
En momentos de
tristeza, tu sistema nervioso libera cortisol como parte de su respuesta
natural al malestar. Lejos de ver esto como un problema, debes entender que se
trata de un mecanismo adaptativo a corto plazo. Tu cerebro quiere que actúes
ante lo que duele, lo que atenta contra tu calma o seguridad emocional.
Por lo
general, cuando experimentas esta emoción, se activa también la corteza
prefrontal con el fin de que puedas reflexionar ante lo que te sucede. Sin
embargo, en caso de que no encuentres adecuados mecanismos de afrontamiento, el
cortisol seguirá liberándose en tu organismo. En estas situaciones, como
describen en la revista Scientific Reports, se corre el riesgo de derivar en
una depresión.
Aunque las hormonas como el cortisol medien en estados como la tristeza
o la ansiedad, recuerda que las emociones son el resultado de mecanismos mucho
más complejos. El cerebro experimenta procesos muy variados, tanto a nivel
cortical como subcortical, con el único objetivo de que puedas adaptarte a todo
desafío o problema.
Serotonina y el control
emocional
La serotonina
es un neurotransmisor multipropósito que también cumple funciones como hormona.
Esta regula el estado de ánimo, así como tu apetito, la libido, la función
cognitiva, etc. Ahora bien, cuando haces frente a una pérdida o decepción, los
niveles de serotonina bajan y ello explica tu desánimo, cansancio, cambios en
la alimentación, etc.
En esas
experiencias tan íntimas de pesadumbre te puede ayudar practicar la activación
conductual. Hacer algo de deporte, yoga, pasear por la naturaleza, hacer
pequeñas modificaciones en tus rutinas y exponerte a la luz solar. Tales
alternativas contribuyen de modo natural a elevar la producción de este
neuroquímico. Asimismo, tener una dieta más rica en triptófano es otra
estrategia complementaria interesante.
Oxitocina, la hormona de la
vinculación social
Sufrir una
ruptura de pareja o que alguien cercano te mienta o decepcione causa una herida
emocional profunda. Cuando tus vínculos sociales se rompen, los niveles de
oxitocina descienden. En este caso, la tristeza es más dolorosa, ya que el
cerebro procesa estas experiencias de forma muy traumática. La interacción
social positiva es, al fin y al cabo, la piedra angular del bienestar.
El contacto,
el afecto, la validación o la compañía actúan como amortiguadores del malestar,
porque elevan la producción de esta hormona. Un trabajo divulgado en Biophysics
and Physicobiology describe la complejidad y relevancia de esta pequeña
molécula para el bienestar y la resiliencia emocional. El ser humano necesita
de esos refugios y soportes sociales para sobrevivir. Sin ellos, la tristeza
nos carcome.
Cuando la tristeza irrumpe en tu vida, el motivo casi siempre tiene que
ver con factores vinculares y con las personas que te rodean. Esas experiencias
son las que producen cambios en la liberación de esas hormonas como la
serotonina o la oxitocina. En tal escenario, es esencial que promuevas cambios,
como buscar el apoyo en figuras que te entiendan, te validen y te escuchen.
Insulina y tu salud metabólica
Cuando
hablamos de las hormonas de la tristeza, es importante destacar el papel de la
insulina. En ocasiones, los cambios en tu estado de ánimo no tienen un origen
social o ambiental. Tu pesadumbre puede deberse también a desequilibrios en el
metabolismo de la glucosa. Piensa que el cerebro necesita un suministro estable
de este elemento para funcionar de forma óptima.
Si esto falla,
bien por la diabetes, malos hábitos de vida u obesidad, la alteración en la
insulina disminuye la producción de serotonina. Esto explica por qué, cuando
una persona sufre fluctuaciones frecuentes en sus emociones, siempre es
conveniente valorar posibles problemas metabólicos. Sea como sea, ten en cuenta
que atender tu alimentación y evitar el sedentarismo son aspectos esenciales
para tu bienestar.
Hormonas tiroideas y la
tristeza inexplicable
Las hormonas
tiroideas, como la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3), también son
fundamentales para regular el metabolismo de tu cuerpo. Es más, el
hipotiroidismo no diagnosticado ni tratado se manifiesta con tristeza, apatía y
fatiga. Son situaciones en que las personas no comprenden la razón de su
agotamiento, de esa negatividad que todo lo filtra.
De hecho, una
investigación divulgada en Cureus destaca incluso la relación existente entre
esta condición endocrina y la depresión. Ahora bien, con un diagnóstico
temprano de este tipo de trastornos tiroideos y con una adecuada medicación,
los síntomas emocionales se estabilizan. Por tanto, si esa tristeza estaba
asociada a problemas con la tiroides, acabará disipándose.
Hormonas sexuales y ciclo
menstrual
Síndrome
premenstrual, menopausia… Si hay algo que saben las mujeres es que este tipo de
procesos conlleva fluctuaciones en el estado de ánimo. De este modo, entre las
hormonas que promueven la aparición de la tristeza están los estrógenos.
Cualquier disminución o alteración en ellos afecta también a los niveles de
serotonina, reduciéndolos y elevando la pesadumbre y el estrés.
Por otro lado,
los niveles bajos de testosterona en hombres y mujeres pueden mediar en la
experiencia de la tristeza persistente. Esta hormona sexual se vincula con la
energía y la motivación, por lo que su déficit podría traducirse en melancolía
y cansancio. En estos casos, un tratamiento hormonal supervisado, combinado con
estrategias psicológicas, resulta útil.
Si llevas tiempo experimentando una sensación de tristeza sin motivo o
explicación aparente, consúltalo con tu médico. A veces, cualquier desajuste en
las hormonas tiroideas o las sexuales puede condicionar tanto nuestra salud
física como la emocional.
Hormonas vinculadas al llanto
Llorar es una
de las características que más define al ser humano y que cumple una finalidad
sociofisiológica. Es decir, facilita empatía en los demás, así como la conexión
y, a su vez, relaja y alivia. Además, el llanto responde a un mecanismo que
involucra al cerebro y las glándulas hormonales, puesto que en este proceso
surgen dos compuestos muy concretos.
Por un lado,
la prolactina aparece en cuanto los niveles de serotonina son bajos, induciendo
las ganas de llorar. Además, se libera la leucina encefalina, otra hormona que
calma y reduce el sufrimiento, hasta el punto de relajarnos como si fuera un
analgésico natural del sistema nervioso. Son respuestas que combinan lo
fisiológico, lo emocional y lo biológico para aliviar y lograr el apoyo del
entorno.
La tristeza más allá de la
biología
La tristeza
puede detener tu vida uno, dos o cinco días, pero rara vez se queda contigo
demasiado tiempo. Es una incómoda visitante, nada más. Pero, ante todo, es un
estado de ánimo al que no conviene descuidar, reprimir o maquillar haciendo
otras actividades para no pensar en lo que duele. Si algo te entristece,
profundiza en ello, entiende su mensaje y busca una solución.
Ten en cuenta
que, aunque las emociones estén orquestadas por procesos neurobiológicos, tú
eres mucho más que ese universo químico. Eres alguien que puede desarrollar
valiosas habilidades para regular esas emociones difíciles. Comprender sus
mecanismos será siempre una buena herramienta a tu servicio.
Info: Psicóloga Valeria
Sabater.