Los incendios
en El Bolsón ya arrasaron con más de 100 viviendas y cerca de 3000 hectáreas.
En el lugar trabajan alrededor de 300 profesionales y cientos de vecinos
autoconvocados para frenar los focos. En redes sociales, el gobernador Alberto
Weretilneck sostuvo que se trata de un hecho intencional y delictivo: "Con
las pruebas reunidas, podemos confirmar que fue intencional. No vamos a
permitir que esto quede impune". Sin embargo, esta situación no es
exclusiva de la provincia rionegrina y se replica en algunos puntos de Chubut y
Neuquén. En total, si se tienen en cuenta los diferentes focos en las tres
provincias, ya hay cerca de 20 mil hectáreas arrasadas por el fuego y superan a
las 16 mil quemadas en California a principios de 2025.
Para conocer
en profundidad las causas de los incendios en El Bolsón, dialogamos con dos
especialistas, que además son vecinos de la zona. En este sentido, ambos
coinciden en que no existe una sola explicación, ya que se combinan fenómenos
naturales, negligencia humana e intencionalidad. Además, hacen hincapié en el
crecimiento poblacional y el rol del cambio climático.
"La mayoría
de los incendios que ocurren en el siglo XXI en Patagonia y en el resto de
Argentina tienen orígenes antrópicos, es decir, vinculados a actividades
humanas. Si bien hay fuegos que se inician por cuestiones naturales como la caída
de rayos, las tormentas eléctricas aumentaron su frecuencia en los últimos años
producto del cambio climático. Por lo tanto, además de los hechos
intencionales, hay negligencia, falta de control y planificación", cuenta
Mariano Amoroso, doctor en ciencias forestales e investigador del Conicet.
Los incendios
que afectan a El Bolsón se ubican en Mallín Ahogado, a 10 kilómetros del
centro, una zona rural que en los últimos años se pobló con nuevos habitantes
que buscan otros modos de vida alejados de las ciudades y con mayor contacto
con la naturaleza. Sin embargo, este proceso se llevó a cabo sin una regulación
orientada a la preservación del bosque y la prevención de estos eventos.
"Muchas
veces se construyen casas en bosques de pino que son muy inflamables y son
pocas las que tienen servicios de jardinería y mantenimiento. Entonces, esas
poblaciones rurales que crecen son las más vulnerables y las más expuestas a
los incendios. Por algunos lugares el fuego pasa como llamaradas y deja un
desastre social y ambiental", señala Agustín Quesada, doctor en ciencias
geológicas, que ayudó a combatir los incendios junto a una cuadrilla de
voluntarios.
En esta línea,
Amoroso detalla que, en los últimos 20 años, hubo un movimiento de familias
desde los centros urbanos hacia sectores más rurales, lo que generó zonas de
transición entre las áreas densamente pobladas y las naturales. "Esto está
altamente relacionado con el aumento de este tipo de incendios, que obviamente
no ocurrían hace algunas décadas. A medida que el crecimiento poblacional se
mete en las áreas naturales, crece la probabilidad de actividad humana con los
riesgos que esto conlleva. De alguna manera, es construir una casa adentro de
una caja de fósforos", advierte.
En este
sentido, los investigadores coinciden en que hay problemas de infraestructura y
un uso indebido del espacio. Por ejemplo, incendios anteriores en la zona se
generaron por personas que hicieron un fogón en un camping o por una familia
que cocinó torta fritas en medio del bosque y dejó el fuego encendido. En otro
de los casos previos, un tendido eléctrico se cayó sobre el bosque y originó un
foco de gran magnitud.
A su vez, en
el caso de El Bolsón, tampoco se descarta la hipótesis de que el incendio fue
provocado con fines relacionados a intereses inmobiliarios vinculados al
crecimiento poblacional que hay en la zona. No obstante, se registran focos
intencionales desde la llegada de los primeros colonos a fines del siglo XIX
para modificar los bosques y convertir esos espacios en tierras aptas para la
agricultura.
Clima que cambia y Estado
ausente
Al igual que
en el resto del mundo, las condiciones climáticas también se modificaron en los
últimos años para el norte de la Patagonia. En este aspecto, Amoroso (quien
también es docente en la Universidad Nacional de Río Negro) resalta que las
condiciones de baja humedad y altas temperaturas elevan el riesgo de generación
y persistencia de los incendios. "Llevamos cuatro veranos súper calientes y
secos. Estamos por debajo de las precipitaciones históricas y muy por encima de
las temperaturas promedio, con muchos días de 30 grados, algo de lo que no hay
registros tan altos en todo el siglo pasado".
Por su parte,
Quesada subraya que se trata de un fenómeno que excede a la Argentina y que se
manifiesta en distintos lugares del mundo, que van desde Australia hasta
Estados Unidos. "Evidentemente, lo primero que hay es un clima que está
cambiando, donde las lluvias son cada vez más intensas, pero más restringidas
en cierto momento. Por ejemplo, en la Comarca Andina hay seis meses que es un
aguacero y seis meses que es un desierto".
A las
consecuencias del cambio climático se le suma el desfinanciamiento del Plan
Nacional de Manejo del Fuego, cuyos servicios provinciales se ven afectados por
la baja cantidad de elementos para combatir los incendios y la precariedad
laboral de los brigadistas, que todavía no tienen contratos garantizados.
"Lo que
está ocurriendo no es aleatorio. Los fondos y las estructuras que tenemos no
alcanzan, y esto tiene que ver con que todo el panorama ha cambiado. Quizás
eran suficientes hace 25 años, pero hoy estamos frente a incendios de otra
magnitud y de otra frecuencia, que hace que haya que reformularse todo",
reflexiona el científico del Conicet.
Info: Nicolás Retamar –
Agencia de Noticias científicas