El Vaticano se
encuentra de luto, el Papa Francisco ha muerto dejando atrás la responsabilidad
que conlleva ser el líder de la Iglesia católica en el mundo. Con la profunda
tristeza que esto produce, también queda la tarea de llenar el puesto vacante,
un puesto que requiere un nuevo ejemplo capaz de dirigir a los fieles conforme
la doctrina y los preceptos de la Iglesia, pero, además, adaptarse a los nuevos
retos que la sociedad contemporánea le plantea.
La elección de
un nuevo pontífice nunca es fácil, de hecho, para ello existe todo un mecanismo
llamado cónclave en el que los 136 cardenales habilitados para votar y ser
votados, se reúnen en arduas jornadas de reflexión y democracia. Durante estas
jornadas queda expresamente prohibido tener cualquier contacto con el exterior.
Pero, aun así, no podemos olvidar que el Vaticano es una fuerza política
importante y es difícil impedir que figuras como Donald Trump se posicionen e
incluso generen alguna influencia.
La apuesta de Trump para el
nuevo Papa
Aunque el
mundo occidental, en su mayoría, se haga llamar laico o secular, la religión
permanece entrelazada con las decisiones políticas y sociales de los diferentes
países. La fe funciona como un compás moral y por eso no es de extrañar que,
como existe la influencia de la iglesia en la política, también existe a la
inversa. Este es el caso de Donald Trump y Raymond Burke, cardenal
estadounidense, nombrado por Benedicto XVI en 2010.
Burke tiene
una trayectoria marcada por su firmeza doctrinal y su enfrentamiento con muchas
de las reformas impulsadas por el Papa Francisco, era un fervoroso detractor
del pontífice, pero incluso con un Colegio cardenalicio en el que tres cuartas
partes fueron nombradas por Bergoglio, se perfila como uno de los nombres más
mencionados. Su persona da la cara por los sectores más conservadores y
tradicionales del catolicismo.
Oriundo de
Wisconsin y con 76 años, Burke ha apoyado abiertamente las políticas de Donald
Trump respecto a diferentes temas, incluyendo la construcción del muro en la
frontera sur, una línea de pensamiento completamente contraria a lo promulgado
por Francisco que hablaba siempre en defensa de los inmigrantes y las minorías.
Aunque en las
últimas elecciones estadounidenses se mantuvo más cauteloso en cuanto a su
opinión, Burke apoyó en la campaña electoral de Trump en 2016, asegurando que
este defendía "los valores de la Iglesia", en especial "la
defensa de la vida humana desde su concepción", un precepto que los
dirigentes del partido republicano se han encargado de imponer mediante
proyectos de ley antiaborto.
La admiración
parece ser mutua, el presidente estadounidense lo ha elogiado por sus valores
conservadores y no sorprende que vea en él un apoyo importante para sus
políticas en defensa de los "valores cristianos" tanto en
Estados Unidos como en el resto del mundo.
Roces con el Papa Francisco
Para nadie es
un secreto que el Papa Francisco hizo hasta lo imposible por aislar a ese
sector de la Iglesia de carácter ultraconservador. De hecho, en varias
ocasiones llegó a referirse a quienes, dentro de la iglesia, según él,
promulgaban discursos de odio, como infiltrados. Y es que respecto a Burke,
Francisco fue firme. Una vez se hizo con el poder, lo expulsó de la
Congregación para los Obispos y de Tribunal Supremo, el órgano judicial del
vaticano.
El pontífice
se radicalizó aún más cuando en 2023, según la BBC, canceló el acuerdo de
gratuidad de Burke para su piso en Roma y su salario mensual de 5.000 euros.
Además, comunicó a los miembros de la orden religiosa jesuita en Portugal, de
acuerdo con el medio británico, que existía "una actitud muy fuerte,
organizada y reaccionaria" en la Iglesia estadounidense, a la que
calificó de "atrasada".
Info: Carolina Serrano Roldán – El Mundo