La historia no
empezó esta semana, fue en julio del año pasado, que Luis Caputo y Santiago
Bausili sacaron las reservas de oro del país en un operativo clandestino,
comenzó una saga de silencios y evasivas.
El Banco
Central cargó USD 5.000 millones en lingotes de oro en un avión comercial en
plena madrugada, sin dejar rastro documental, sin contratos, sin papeles, sin
auditoría posible. Una escena más propia de una novela policial que de la
administración de las reservas de un país. Pero ocurrió.
Lo grave es
que desde el Banco Central ahora admitieron oficialmente ante la Auditoría
General de la Nación (AGN) que durante todo 2024 no existieron contratos
registrados por el envío de oro al exterior. Ni ahora ni al cierre del año
pasado.
"Los contratos de colocación de lingotes
de oro con el BIS y/o cualquier otro depositario del exterior no existen",
afirmó oficialmente la entidad que preside Santiago Bausili en la nota enviada
a la AGN. La respuesta llegó después de casi un año de ignorar el pedido de
información de la Auditoria.
La postura
oficial fue que no se elaboraron informes jurídicos porque, directamente, "no
hay contratos". Este punto deberá ahora ser ratificado en sede
judicial. Es que la semana pasada los jueces Guillermo Treacy y Pablo Gallegos
Fedriani de la Sala V de la Cámara Contencioso Administrativa Federal,
determinaron que Bausili no justificó de manera suficiente su decisión de no
informar sobre el destino del activo y sostuvo que la negativa vulneró los
principios de transparencia. Bausili también se había negado a informar a la
justicia. La opacidad con el uso y el destino del principal activo del Central
es descarada.
Ahora, la
respuesta entregada a la AGN confirma que es imposible cualquier intento de
auditoría sobre una operatoria valuada en USD 4.981 millones. Sin contratos, no
hay nada que revisar. Como si los lingotes hubieran salido por una puerta
lateral y se hubieran evaporado.
La presunción
de delito encuentra entonces sustento en elementos concreto. Porque los
funcionarios del Central no manejan bienes propios. Custodian activos públicos.
La inexistencia de respaldo contractual no es un detalle administrativo: abre
un flanco penal. Cuando un activo estratégico de esa magnitud pierde
trazabilidad, la responsabilidad deja de ser institucional y pasa a ser
personal. No hay margen para la ingenuidad contable
Ahora el
expediente escaló al plano judicial y el margen para seguir ocultando
información se achicó. La Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal
ordenó al Central entregar información precisa y fue explícita en su reproche.
Señaló que las excepciones al acceso a la información pública no pueden
depender de una decisión unilateral del funcionario obligado. Si el Estado
alega confidencialidad, debe probar un daño concreto. No alcanza con invocar
riesgos genéricos.
En paralelo,
la AGN quedó habilitada para avanzar con acciones legales por entorpecimiento
de auditoría tras la jura de nuevos auditores.
El contexto
internacional vuelve todo más sensible. El oro cotiza cerca de los USD 4.400 la
onza, un récord histórico. Ese salto funciona como un salvavidas contable para
un Banco Central con reservas líquidas hundidas. Según estimaciones de LCG, las
reservas netas reales podrían rondar los USD 18.000 millones negativos. Sin el
efecto precio del oro, el rojo sería todavía más profundo.
La paradoja es
evidente. Los lingotes computan como reservas, aunque nadie diga dónde están.
No se sabe si están en Londres, en Basilea, si generan rendimiento o si fueron
entregados como garantía para conseguir dólares frescos.
Carlos
Rodríguez, arquitecto del programa económico de Milei durante la campaña, que
quedó afuera apenas asumió el gobierno, calificó el episodio como "simplemente
insólito". Advirtió que el oro podría haber sido usado como garantía
de un préstamo en dólares ya consumido y reclamó conocer la ubicación de todos
los activos y pasivos del Central.
Rodríguez fue
un paso más allá. Además de preguntar por el oro, pidió saber dónde están los
billetes dólar de los encajes de los depósitos y reclamó la serie semanal de
reservas internacionales netas según la metodología del Fondo Monetario
Internacional.
Hay sospecha
del mercado respecto al pagó del vencimiento de Bopreal de USD 1.000 millones
con depósitos de las personas. Con reservas en rojo por USD 18.000 millones
según el dato de LCG, la única ventanilla líquida del sistema son los encajes
bancarios. El resto es swap con China y crédito del Fondo que no se pueden
tocar.
Info: Luciana Glezer