Introducción
La trayectoria económica de Argentina
ha estado marcada por décadas de estancamiento y crisis macroeconómicas
recurrentes, un fenómeno paradójico dada su riqueza en recursos naturales.
Históricamente, la política económica ha estado dominada por el paradigma de la
Sustitución de Importaciones (ISI), un modelo que priorizó la protección de supuestas
industrias de "alto valor" a expensas de las ventajas comparativas naturales en
commodities. Esta estrategia se ha justificado, en parte, por el temor teórico
a la "Enfermedad Holandesa", es decir, el riesgo de que un auge primario
conduzca a la desindustrialización vía apreciación del tipo de cambio real.
El objetivo central de este estudio
es someter a examen empírico riguroso la validez de esta preocupación para el
caso argentino. Se contrasta el desempeño exportador argentino con un grupo de
economías (Chile, Australia, Nueva Zelanda, Noruega y Perú) que han adoptado
modelos más abiertos y orientados a la exportación de recursos naturales.
Mediante un análisis comparativo de las exportaciones per cápita (totales,
procesadas y no procesadas) y del grado de apertura económica entre 1993 y
2022, se argumenta que el principal obstáculo al desarrollo argentino no es la
amenaza de un boom primario, sino el fracaso crónico y multisectorial de su
modelo proteccionista.
Se propone demostrar que la política
de protección, concebida para fomentar una industrialización incipiente, ha
tenido el efecto perverso de socavar la competitividad general y consolidar un
sistema de captura de rentas políticas. Al ser una de las economías más
cerradas del mundo, con un comercio exterior que representa solo el 28% del
PIB, Argentina ha renunciado a la disciplina de la competencia internacional,
resultando en un subdesarrollo exportador en todos los frentes. En las
siguientes secciones, se revisa el marco teórico de la Enfermedad Holandesa y
se presenta la evidencia que sustenta la tesis de que el costo del cierre ha
superado con creces el riesgo potencial de la especialización.
"Enfermedad Holandesa"
vs. el Fracaso del Modelo de Sustitución de Importaciones
El Concepto de la
Enfermedad Holandesa (Dutch Disease)
La Enfermedad Holandesa (Dutch
Disease) es un fenómeno económico que describe los efectos macroeconómicos
adversos que pueden surgir en la economía de una nación tras un boom repentino
en el sector de recursos naturales exportables o una entrada masiva de capital
extranjero (Corden & Neary, 1982). Aunque el término fue acuñado para
describir la experiencia de los Países Bajos tras el descubrimiento de gas
natural en los años 60, el marco conceptual es aplicable a cualquier auge en un
sector transable específico (usualmente commodities) que impacta negativamente
a otros sectores transables, en particular, el manufacturero.
El mecanismo principal de la
Enfermedad Holandesa se articula a través de dos efectos interrelacionados
(Corden, 1984):
- Efecto Precio o de Apreciación del Tipo de Cambio Real: El boom en el sector de commodities
genera un aumento sustancial en las divisas. Este ingreso masivo incrementa la
demanda de la moneda local, provocando una apreciación del tipo de cambio real.
Como consecuencia, las exportaciones de los sectores no relacionados con el
auge (especialmente las manufacturas) se encarecen y pierden competitividad en
los mercados internacionales, mientras que las importaciones se abaratan, lo
que somete a las industrias domésticas a una presión competitiva intensa
(Krugman & Obstfeld, 2018).
- Efecto Movilización de Recursos o Desplazamiento (Resource Movement
Effect): El
sector en auge (recursos naturales) demanda grandes cantidades de capital y
mano de obra (factores productivos). Este aumento de la demanda impulsa al alza
los salarios y otros costos de producción en toda la economía. Los recursos son
atraídos o "desplazados" del sector manufacturero y otros sectores transables
hacia el sector en auge y el sector no transable (servicios), reduciendo la
capacidad productiva y elevando los costos operativos de la industria no
petrolera o no minera (Sachs & Warner, 2001).
La preocupación legítima es que esta
apreciación del tipo de cambio real y el consecuente desplazamiento de recursos
conduzcan a una desindustrialización o atrofia del sector manufacturero,
percibido como crucial para el desarrollo de largo plazo (Rodrik, 2016).
La Contraparte Crítica:
El Fracaso del Modelo de Sustitución de Importaciones (ISI)
El riesgo potencial de la Enfermedad
Holandesa debe contrastarse con el impacto real y demostrado de los modelos de
desarrollo alternativos, en particular el de la Sustitución de Importaciones
(ISI), que ha dominado la política económica de Argentina por décadas. La ISI
fue concebida, en la teoría estructuralista de la CEPAL (Prebisch, 1950), como
un mecanismo para industrializar las economías periféricas y mitigar la
dependencia de las exportaciones primarias, percibidas como sujetas a un
deterioro crónico de los términos de intercambio.
Sin embargo, en la práctica, el
modelo ISI ha sido objeto de críticas severas por parte de la literatura
económica que enfatiza la necesidad de la apertura y la competencia (Balassa,
1982; Krueger, 1974). En el caso argentino, la política de protección a "supuestas
industrias de alto valor" mediante aranceles, cuotas y restricciones
paraarancelarias se ha implementado a expensas de maximizar el potencial
exportador de commodities y de la eficiencia general.
El modelo ISI no solo protege
ineficientemente a las industrias nacionales (argumento de rent-seeking), sino
que, estructuralmente, impone un sesgo anti-exportador al hacer que las
ganancias del mercado interno sean artificialmente más atractivas que los
riesgos y la competencia de los mercados externos. La protección arancelaria
(que eleva los precios internos) y la consiguiente apreciación del tipo de
cambio real (independientemente de un boom de commodities) actúan como un
impuesto implícito a las exportaciones, desincentivando la inversión en
capacidad exportadora.
La evidencia empírica comparada
subraya las deficiencias de este enfoque. Mientras que países como Chile,
Australia y Noruega, con modelos abiertos y dependientes de commodities, han experimentado
un crecimiento notable en sus exportaciones totales y per cápita—incluyendo
bienes procesados—, Argentina ha evidenciado un fracaso exportador crónico.
Este desempeño divergente sugiere que el principal obstáculo al desarrollo
argentino no es la amenaza hipotética de un boom primario, sino la restricción
estructural impuesta por un modelo excesivamente cerrado, donde el comercio
exterior representa apenas el 28% del PIB.
Las exportaciones totales del país
como porcentaje del PIB son extremadamente bajas en comparación con otras
naciones y la Argentina ha sido superada, en términos de desarrollo, por países
como Chile y las naciones asiáticas, todos aplicando un modelo más abierto y
orientado a la exportación. Del mismo modo, Australia —muy parecida a Chile,
extremadamente dependiente de las exportaciones de commodities— se ha
adelantado mucho más.
En particular, en 2022, la Argentina
exportó un total de alrededor de 1.910 dólares per cápita, de los cuales 1.280
no estaban procesados, incluyendo alimentos, materias primas agrícolas,
combustibles, minerales y metales, y 310 sí estaban procesados.
Chile, en cambio, exportó 4.970
dólares per cápita, de los cuales 2.800 dólares no estaban procesados. Y
Australia exportó casi 15.600 dólares per cápita, de los cuales alrededor de
13.100 dólares no estaban procesados. Para Nueva Zelanda, las cifras son de
8.900 dólares en total y más de 6.800 en commodities. En Noruega, son casi
45.800 dólares per cápita, 42.500 sin procesar.
Es más, Australia y Chile también
exportan más bienes con valor agregado. La Argentina exporta alrededor de 310
dólares en bienes procesados per cápita, mientras que Australia exporta más de
1.500 dólares y Chile 2.100 dólares. El único rubro en el que la Argentina
supera a Chile es en maquinaria, donde exporta 160 dólares per cápita contra
80. Australia exporta 440. Nueva Zelanda y Noruega, de manera similar, exportan
más en bienes procesados: 5,3 veces más y 18 veces más, respectivamente.
Incluso Perú, que sigue siendo un
país mucho más pobre, con un PIB per cápita de solo el 60% del de la Argentina,
exporta aproximadamente la misma cantidad per cápita que la Argentina: 1.742
dólares frente a 1.913. También han estado acortando la brecha en riqueza: En
1990, su PIB per cápita era el 47% del de la Argentina; hoy, es alrededor del
60%.
Entre 2022 y 1993, la fecha más
antigua para la que pude encontrar datos estandarizados para todos los países
mencionados, las exportaciones de commodities per cápita han crecido en
términos reales en 10.180 dólares en Australia, 2.106 dólares en Chile, 2.858
dólares en Nueva Zelanda, 33.277 dólares en Noruega y 1.044 dólares en Perú. En
la Argentina, la cifra equivalente es de 756 dólares.
Las exportaciones reales de bienes
procesados, por su parte, aumentaron en 58 dólares en Australia, 1.530 dólares
en Chile, 941 dólares en Noruega y 205 dólares en Perú. En la Argentina,
aumentaron solo 51 dólares. El único país del grupo con peor desempeño es Nueva
Zelanda, donde las exportaciones de bienes procesados cayeron en 114 dólares.
Así pues, mirando la comparación con
Chile y Perú, sus economías altamente abiertas e impulsadas por los commodities
lograron en realidad resultados dramáticamente mejores incluso en el mismo
sector que la Argentina supuestamente ha estado priorizando.
En términos del aumento de
exportaciones totales reales per cápita, todos los países superaron a la
Argentina. Desde 322 dólares adicionales en Perú hasta más de 34.300 en
Noruega. Chile, mientras tanto, aumentó sus exportaciones totales per cápita en
casi 2.500 dólares más que la Argentina.
En términos porcentuales, Perú
aumentó sus exportaciones reales per cápita en más de 500% entre 1993 y 2022, y
Chile en un 268%, en comparación con el 144% de Argentina.
Todos ellos desplazaron sus exportaciones
aún más hacia la producción de commodities durante este período, en 23 puntos
porcentuales en Australia, 5 en Chile, 11 en Nueva Zelanda, 25 en Noruega y 17
en Perú. Argentina, en cambio, tiene la misma participación de exportaciones no
procesadas hoy que en 1990. Pero este cambio ha llegado como parte de exportar
más de todo, no de una atrofia de las exportaciones de bienes procesados en
relación con la Argentina.