La recaudación
del Estado se está desplomando entre 15% y 20% interanual, las retenciones
cayeron 40%, el Impuesto Pais se achicó 35% con la desaceleración de la actividad
que hundió la base imponible que alimentaba IVA y Ganancias. La caída de la
recaudación alcanza al 1,5% del PBI, apenas 0,3% menos que el superávit
alcanzado en 2024.
Para sostener
la meta fiscal acordada con el FMI hay que ajustar por lo menos 2 puntos del
PBI en gasto primario no indexado, lo que equivale a más de 10 billones de
pesos. Esa cifra no es un número abstracto: es la dimensión del ajuste que se
viene para la última parte del año.
Como buena
parte del gasto público está indexada por ley, jubilaciones mínimas, deuda,
asignaciones y prestaciones sociales, todo el ajuste deberá concentrarse en el
gasto no indexado, es decir, salarios, subsidios, obras públicas y
transferencias a las provincias.
De hecho, el
ajuste ya empezó. Un gobernador del norte que luego de meses de tortuosas
negociaciones había logrado que Nación le pague dos tramos del asfaltado de una
ruta productiva crítica, reconoció que "los pago se frenaron".
La caída de la
recaudación dejó al Tesoro sin la red de contención que tuvo en la primera
mitad del año.
Ahí aparece la
maniobra que el Gobierno usó para atravesar el calendario electoral con el
menor ruido posible. En julio y agosto, mientras el dólar mayorista comenzaba a
moverse bajo el régimen de flotación entre bandas, el Estado decidió pisar el
traslado a tarifas y aumentó los giros a Cammesa hasta niveles inusuales: 652
millones de dólares en julio y 491 millones en agosto, muy por encima del
promedio del primer semestre, tal como revelo un informe que dio a conocer el
Partido Justicialista. Fue una contención deliberada para que el impacto no
llegara a la boleta antes de votar. Pero ese dique ya no se puede sostener.
"La
devaluación acumulada desde el 11 de abril que se pasó al esquema de flotación
se acerca al 40%. De no haber mediado el aumento de subsidios, la suba del tipo
de cambio se traslada en un 90% a la factura. Ese salto fue contenido, pero ya
no alcanzan los fondos para seguir sosteniéndolo. Sobre ese aumento escondido,
se va a montar una eventual devaluación post electoral. El impacto puede ser
altísimo", indicó un ex funcionario de Energía.