Los principales resultados
Los resultados
fueron claros e impactantes. Aquellas personas que escuchaban música de forma
habitual, tenían un 39% menos de riesgo de desarrollar demencia y, a la vez,
mejores puntuaciones globales de cognición y memoria.
Por otro lado,
tocar un instrumento se relacionó con una reducción del 35% de probabilidad de
padecer demencia, aunque no se encontró una asociación significativa con el
riesgo de deterioro cognitivo sin demencia ni con las puntuaciones de pruebas
cognitivas a largo plazo.
Combinar ambas
actividades (escuchar música y tocar un instrumento) se relacionó con una
reducción del 33% en el riesgo de demencia y del 22% en el riesgo de deterioro
cognitivo sin demencia.
¿Qué papel juega la educación
en todo esto?
Tal y como se
ha mencionado anteriormente, el equipo que llevó a cabo el estudio también tuvo
en cuenta que el nivel educativo de las personas podía ser un factor que
modificara de alguna forma la relación entre la música y su efecto protector.
Y, de hecho, así fue.
Los resultados
señalaron que los beneficios de llevar a cabo actividades relacionadas con la
música (escucharla o tocar un instrumento) fueron más fuertes en aquellas
personas que tenían niveles educativos superiores (16 años o más).
Una posible
explicación para este fenómeno podría ser lo que se conoce bajo el concepto de
reserva cognitiva. Este término hace referencia a la capacidad que el cerebro
tiene para compensar daños gracias a que, a lo largo de la vida, se ha
producido un mayor número de conexiones. Sin embargo, los resultados fueron
inconsistentes en el grupo que tenía una educación considerada media —entre 12
y 15 años—.
¿Por qué la música puede ser
un factor protector para el cerebro?
Algo que a
priori puede parecer muy sencillo, a nivel cerebral no lo es tanto. En muchas
ocasiones escuchamos música sin siquiera prestarle demasiada atención o hacer
esfuerzos para procesar de forma consciente ese estímulo.
Sin embargo,
cada canción puede llegar a activar diversas áreas en nuestro cerebro: desde
las regiones que se encargan de procesar los estímulos auditivos hasta las
áreas relacionadas con la memoria, el movimiento y las emociones.
En el caso de
tocar un instrumento hay elementos añadidos que todavía hacen más compleja la
situación. Aspectos como la coordinación, la precisión motora, la
planificación, la organización e incluso la memoria entran en juego y
desempeñan un papel crucial.
Por último, la
música se relaciona con la reducción del estrés y los niveles de cortisol. Esta
hormona, cuando se encuentra de forma excesiva en nuestro organismo, puede
llegar a tener efectos perjudiciales facilitando respuestas inflamatorias y
daño neuronal.
¿Qué significan estos
resultados?
Tal y como
indican las principales autoras del estudio, estos resultados son importantes
puesto que señalan que la música puede desempeñar un gran papel en la
prevención del deterioro cognitivo y en el retraso de la aparición de la
demencia.
Aunque no se
puede considerar que la música "cure" o evite la demencia por sí sola, sí se
puede tener en cuenta cómo una herramienta complementaria y de mucho valor que,
además, se puede introducir —o fomentar— en la vida de las personas fácilmente.
Se trata de
una estrategia accesible porque es gratuita y universal. Y, además, en caso de
que se comparta con otras personas puede ayudar a combatir otras dificultades
asociadas a la edad avanzada como podría ser, por ejemplo, la soledad.
Info: Nerea Moreno - Psicóloga