La obra pública brilla por su ausencia y la privada no
arranca
La esperanza
de que la construcción terminara de rebotar este año, junto con la expectativa
que el Gobierno manejaba para la actividad en general, parece disiparse mes a
mes. Lo que obviamente sigue pegando más es la parálisis del sector público,
que continúa prácticamente como hasta el año pasado. Durante el 2024, el
Ministerio de Economía firmó convenios de traspaso de la obra pública con casi
todas las provincias. Pero una cosa es la formalidad y otra la realidad.
Un referente
del gremio UCEARA, de empleados administrativos de la construcción, expresó que
es notorio que las provincias realmente no tienen los fondos necesarios para
llevar adelante las obras pese al aval de Nación, lo que se percibe en la falta
de trabajo en el sindicato.
Esto se ve
especialmente en el sector vial, donde el privado raramente se involucra en la
construcción inicial de los tramos. Según datos manejados en este ámbito,
dijeron expertos en 2001 se había tocado un mínimo de elaboración de
aproximadamente 400.000 toneladas de asfalto. Pero ese récord negativo se
quebró en 2024, cuando la producción de asfalto cayó a 294.000 toneladas.
El peso de las
provincias, de todos modos, es relativamente escaso. Una empresa privada que
trabaja como contratista del sector público advirtió que, aunque se reactivaran
finalmente las obras locales, incluso municipales, de ninguna manera se logra
compensar la falta del impulso del gobierno nacional, que sigue con su política
de parálisis de cualquier obra que no sea estratégica ni estuviera a al menos
un 90% terminada.
Un año atrás,
referentes del sector construcción señalaban que comenzaban a ver alguna
reactivación gracias al sector privado, una vez que ya había pasado lo peor de
ajuste de shock durante el primer trimestre.
Sin embargo,
el rebote es muy lento. En primer lugar, remarcan, debido a que se trata de un
sector muy elástico para achicarse. Lo que ocurrió es que, ante la crisis, las
empresas pudieron reacomodarse rápidamente, sobre todo gracias a la modalidad
de contratación temporal. Esto redundó en la pérdida de al menos unos 120.000
empleos en la construcción durante 2024, precisó Weiss. De este modo, lograron
adaptarse a la nueva realidad y ser rentables nuevamente. Pero, al contrario,
la falta de una perspectiva clara las lleva a no crecer con la misma rapidez, y
los gremios lo sufren.
En segundo
lugar, advierten, está el factor macro. En el contexto del atraso cambiario, la
inversión por metro cuadrado cuesta casi el doble que hace dos años atrás. En
Córdoba, por ejemplo, pasó de 800 dólares a 1.400 dólares actualmente. Si no
resulta rentable para las constructoras locales, menos aún lo es para la
minoritaria porción de empresas extranjeras que invierten en el sector,
señalaron con preocupación.
La única
esperanza, dicen en los pasillos de la convención, está puesta en que el nuevo
blanqueo de Caputo permita la inversión de fondos del colchón hacia el sector
inmobiliario, y que eso derive en una dinamización de las construcciones desde
el pozo. Con todo, el factor principal, nuevamente la obra pública nacional,
seguirá brillando por su ausencia.
Info: Javier Slucki