Durante los
más de seis años de la serie, el haber mínimo se mantuvo sistemáticamente por
debajo del nivel necesario para sostener siquiera ese 55% de cobertura. En mayo
de 2026, el haber mínimo asciende a $393.174 y cubre el 39% de la canasta,
mientras que para mantener el poder adquisitivo de enero de 2020 debería
ubicarse en $562.939, una diferencia de 43 puntos porcentuales entre ambos
niveles de cobertura. Es decir, lejos de mejorar, la jubilación mínima hoy
ofrece menos protección que un punto de partida que ya era insuficiente. Este
deterioro estructural no se corrige con bonos compensatorios.
El impacto fiscal de la
eliminación del impuesto PAÍS
El impuesto
PAÍS fue creado a fines de 2019 por la Ley 27.541 con un diseño de emergencia y
una vigencia limitada a cinco períodos fiscales, con el objetivo declarado de
desalentar la compra de divisas. Sin embargo, lejos de ser un tributo marginal,
su peso en la recaudación total creció del 2% en 2020 al 6,4% en 2024, y a lo
largo de sus cinco años de vigencia aportó más de u$s17.000 millones,
equivalentes al 3% del PBI acumulado.
El 70% de lo
recaudado tenía asignación específica a la seguridad social, con el 60%
destinado a programas de ANSES y el 40% restante al INSSJP (PAMI). Su carácter
no coparticipable y su fecha de vencimiento explícita —dejó de aplicarse el 23
de diciembre de 2024— generaron, con el tiempo, una dependencia fiscal cada vez
más difícil de sostener: esa discontinuidad significó una pérdida de ingresos
equivalente al 1,1% del PBI, y en el acumulado al tercer trimestre de 2025, por
cada $100 de menor recaudación total, $88 se explicaron directamente por la
eliminación del impuesto PAÍS.
El propio
esquema de Ahorro-Inversión-Financiamiento de ANSES permite dimensionar el
quiebre. El impuesto PAÍS pasó de aportarle $3.690.987 millones en 2023 a
apenas $2.605 millones en 2025, una caída prácticamente a cero en sólo dos
años. Pese a esa pérdida, los aportes y contribuciones a la seguridad social
—la fuente genuina de financiamiento del sistema— treparon de $7.805.686
millones en 2023 a $38.955.793 millones en 2025, lo que llevó a que la
cobertura de las prestaciones jubilatorias con recursos propios mejorara del
72% en 2023 al 80% en 2024 y 2025, muy por encima del 61% que se registraba en
2019.
El resultado
financiero total de ANSES, que en 2023 había sido de apenas $1,2 billones,
saltó a $3,1 billones en 2024 y $4,2 billones en 2025. A simple vista, estos
números podrían leerse como un fortalecimiento genuino del sistema. Pero la
mejora no se explica por un salto en el empleo formal ni en la recaudación,
sino, en gran medida, por el congelamiento real de los haberes: mientras las
prestaciones de la seguridad social crecieron de $10.871.776 millones en 2023 a
$48.663.243 millones en 2025 (4,5 veces), la inflación acumulada en ese período
fue muy superior, licuando el valor real de cada jubilación.
El superávit
financiero de ANSES en 2025 convive, entonces, con un sistema que perdió por
completo el impuesto PAÍS como fuente de financiamiento y que, según vimos
antes, hoy ofrece una jubilación mínima que cubre apenas el 45% de la canasta
de un adulto mayor. La salida del impuesto PAÍS dejó un agujero fiscal que el
Estado logró tapar, pero a costa de una variable que rara vez se explicita: el
congelamiento real de los haberes jubilatorios. Mientras no haya una reforma
estructural que aborde tanto la sostenibilidad financiera como el poder
adquisitivo de los jubilados, el ajuste seguirá recayendo, una vez más, sobre
los mismos.
Info: Damián Di Pace