Hace exactamente un año y medio, Luiz Inácio Lula da Silva
se encontró con Joe Biden en la Cumbre del G-7 en Hiroshima. "¿Es verdad que buscarás la
reelección?", le preguntó el presidente brasileño a su homólogo
estadounidense. El "sí" del demócrata entusiasmó a Lula: "Es un estímulo para mí, porque soy más
joven que él".
De aquel mundo de junio de 2023, de aquel Biden y de aquel
Lula queda poco. El anuncio de la operación de urgencia en la madrugada del
martes, en la que se le drenó un hematoma craneal, cambia el panorama político
en Brasil. Lula, que manda en el Partido de los Trabajadores (PT) desde su
mismísima fundación, en 1980, jamás dejó crecer un sucesor, y mantenía la
ambigüedad acerca de lo que haría en las elecciones de octubre de 2026.
Presentarse por séptima vez para ser presidente por cuarta vez es una
posibilidad. Pero, ¿es eso viable tras el paso por el Hospital Sirio-Libanés de
Sao Paulo?
"Los médicos
recuerdan que Lula tiene 79 años, y la reaparición de una hemorragia
cerebral" dos meses después de haberse caído y golpeado en el baño de
la residencia presidencial "no es nada
trivial", señala el analista Igor Bielow en Folha de São Paulo.
"Hablar de la
salud de los funcionarios es tabú en todo el mundo, pero se está convirtiendo
en blasfemia en Brasil. En público, por supuesto, ya que en los mensajes
privados entre los actores políticos esta mañana [de martes] ya estaban
añadiendo agua al molino de la especulación", añadió.
En una conferencia de prensa en la tarde de este martes, los
médicos señalaron que no hay daños cerebrales, que se trató de un hematoma
frontoparietal, entre el cerebro y una membrana de las meninges, que la
operación duró unas dos horas, que el presidente llegó al hospital lúcido y
orientado y que presentaba malestar general, náuseas y un estado de semi
agitación. Calcularon una semana de baja y añadieron que lo que le sucedió a
Lula es habitual, sobre todo en personas mayores después de una caída que el
propio presidente describió con crudeza: "Pensé
que se me había partido el cerebro".
Pero una cosa es la medicina y otra es la política. La
primera economía de América Latina, novena del mundo, atraviesa un momento
complejo con una potente devaluación del real y la desconfianza creciente de
los mercados financieros ante el nuevo paquete fiscal recientemente anunciado.
Es previsible que este miércoles el saliente presidente del Banco Central,
Roberto Campos Neto, suba la tasa de interés un 0,75% hasta llevarla al 12%
anual. Demonio para Lula, que no dejó de criticarlo en los dos años que lleva
en el poder, Campos Neto le teme a las presiones inflacionarias desatadas a
partir de lo que muchos analistas consideran un gasto excesivo por parte del
Gobierno de izquierdas.
El vicepresidente Geraldo Alckmin, que sustituirá en estos
días a Lula en diversas funciones y reuniones, es una figura respetada, pero no
es del PT, sino del Partido Socialista (PSB). A sus 72 años tampoco es una
opción para el PT. ¿Puede serlo Fernando Haddad, el ministro de Hacienda, que
sólo ganó una elección en su vida y perdió con Jair Bolsonaro en 2018? Hay, en
el PT, una resistencia importante a que lo sea.
¿Podría Lula jugar la carta sorpresa de Janja, su esposa,
militante del PT desde hace años y muy involucrada en el día a día del
gobierno? Sería un paso audaz y riesgoso.
"En la práctica
Lula sigue siendo el único nombre para 2026, y su debilitada salud no favorece
su posición", cree el analista Bielow. "Por supuesto, tiene todo para recuperarse y seguir siendo
competitivo, pero el incidente de la cirugía en sí es un recordatorio de lo
precaria que es la posición política de la izquierda en el país".