"Hermanos
y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia
unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo
reconciliado", ha reclamado.
"En
nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por
el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un
paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más
pobres", ha lamentado.
Y ha agregado
que la Iglesia y la comunidad cristiana quiere ser "dentro de esta
masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad".
Esa unión, sin
embargo, debe comenzar por la propia Iglesia, por lo que ha llamado a superar
las divisiones y tender puentes con las otras religiones y ramas del
cristianismo, ejerciendo como un reducto de "comunión y fraternidad".