El origen de los besos
Algunos
investigadores piensan que los besos en los labios nacieron con una utilidad
evolutiva. Destacan que este tipo de besos facilitó mucho el proceso de
seleccionar una pareja. Piensa que es mucha la información que se intercambia
en un beso, de manera que nos concede en muy poco tiempo mucho material para aceptar
o descartar a una pareja. Entra en juego nuestro tacto, nuestro olfato y
algunos aspectos posturales, como la inclinación de la cara, que procesamos de
manera inconsciente.
Existe otra
hipótesis para el nacimiento de los besos que no es tan atractiva. Tendría que
ver con la costumbre de las madres primates de masticar la comida para
alimentar a sus hijos antes de pasársela. Esta hipótesis la ha defendido, entre
otros investigadores, el zoólogo Desmond Morris.
Besos y feromonas
Al contrario
de lo que sucede con otros animales, nosotros no contamos con una parte
específica de nuestro cuerpo diseñada para detectar feromonas. Sin embargo, sí
hay indicios de que nosotros también utilizamos información química que
recogeríamos a través del olfato. Esta hipótesis explicaría, por ejemplo, por
qué el ciclo menstrual de las compañeras de piso se sincroniza o por qué el
olor de los hombres con sistemas inmunológicos más fuertes son más atractivos.
Así, el acercamiento que se produce con el beso propiciaría una situación
propicia para recoger esta información química.
¿Por qué los
labios? Se juntan dos circunstancias para que esta sea la elección preferida de
los besos apasionados: contamos con una gran cantidad de terminaciones
nerviosas en ellos y además la piel que los envuelve es muy fina. Dicho de otra
manera, es un lugar donde nuestro tacto es capacidad de producirnos una gran
cantidad de sensaciones sin que la intensidad del contacto sea fuerte.
Además, piensa
que en cada beso apasionado que damos intervienen 5 pares craneales de los 12
que tenemos. ¿Qué significa esto? Que nuestro sistema nervioso está montado de
tal manera que la información que recibimos en un beso circula por muchas y
grandes autopistas nerviosas dentro de nuestro cuerpo hasta nuestro "centro de
operaciones".
Como cualquier
información táctil, la que procede de un beso termina en una parte de nuestro
cerebro llamada homúnculo sensorial. En esta parte está representada de alguna
manera toda la superficie de sensible al tacto con la que contamos. Pues bien,
en esta especie de mapa los labios tienen dedicado un espacio amplio,
especialmente si lo comparamos con partes de nuestro cuerpo que tienen una
densidad similar de terminaciones nerviosas.
Distinto significado para
hombres y mujeres
Según un
estudio realizado por Gallup y sus colaboradores en 2007, hombres y mujeres
interpretan de diferente manera los besos en la evolución de una relación. Para
los hombres, un beso prologado e intenso es el preludio de un acercamiento
íntimo, el "hall" de las relaciones sexuales. Sin embargo, este avance en las
relaciones de pareja para la mujer se situaría en otro lugar. Besos así
simbolizarían y afianzarían la idea de que han escogido una buena pareja a
largo plazo.
Por otro lado,
los investigadores Hill y Wilson descubrieron que, si bien es cierto que los
besos pueden producir una gran excitación si van acompañados de determinadas
circunstancias, también parece que las mujeres necesitarían una mayor cantidad
de besos para llegar al mismo nivel de excitación que los hombres.
Lo que sí
encontraron tanto en hombres como en mujeres, y además en similar proporción,
es que los besos reducen el estrés al disminuir los niveles de cortisol en el
organismo.
Por otro lado,
aunque nos pueda parecer curioso, los besos no son un ingrediente habitual en
las parejas de todas las sociedades. Por ejemplo, para una gran parte de la
sociedad china los besos en la boca puede ser un acto tan censurable como el
canibalismo para nosotros (d'Enjoy, 1897). Además, otro antropólogo, en un
estudio mucho más reciente estimó que cerca del 10% de la humanidad no se dan
besos en los labios.
Para
finalizar, lo que me gustaría señalar es que los besos corresponden más a una
herencia social que a un acto natural. Son nuestras sociedades, con nuestras
normas y nuestras concepciones, las que probablemente han producido
modificaciones en nuestra biología y asentado determinado tipos de costumbres
para que los besos sean una conducta frecuente dentro de las parejas que
conocemos.
De una forma o
de otra, y aunque solo sea porque reducen el estrés, ¡que vivan los besos!
Info: Psicólogo Sergio De Dios
González