El albertismo
frenó la obra contra la opinión del kirchnerismo duro, que defendía sostener el
financiamiento chino como única vía realista para completar los trabajos
El nuevo
entendimiento busca cerrar ese ciclo. La adenda 12 reordena las condiciones
financieras, reconoce costos adicionales generados por los desplazamientos
geológicos del terreno y habilita el reinicio pleno del proyecto.
En paralelo,
se acordó un reconocimiento económico cercano a los 250 millones de dólares a
favor de la UTE constructora por los sobrecostos acumulados durante los años de
paralización.
La Unión
Transitoria de Empresas está encabezada por la estatal china Gezhouba junto a
los socios argentinos Eiling e Hidrocuyo que participaron desde el inicio del
emprendimiento. En las últimas semanas comenzó a circular la versión de que los
socios locales podrían salir del consorcio y que la obra quedaría
exclusivamente bajo control chino.
Sin embargo,
fuentes al tanto de la negociación aclararon que esa interpretación es
prematura. Según explicaron, el documento que está por concretarse es un
memorando de entendimiento que reconoce los deslizamientos, fija el esquema de
compensaciones económicas y abre la posibilidad de ajustes internos en la
composición societaria durante 2026, algo habitual en megaproyectos de
infraestructura.
"No
existe una cláusula automática que obligue a la salida de empresas argentinas
ni está previsto el ingreso de nuevos socios", afirmo la fuente
consultada.
El trasfondo
excede lo contractual. Para China, las represas representan su obra insignia en
el exterior y un símbolo del despliegue global de su financiamiento estatal.
Para Argentina, la reactivación genera una tensión inesperada con la Casa
Blanca, que MIlei busca amortiguar con gestos de alineamiento exagerado y
personal con Trump.
Info: Luciana Glezer