Apenas asumió
como secretario de Turismo y Deportes, Daniel Scioli quiso congraciarse con el
discurso del ajuste y el superávit fiscal de Javier Milei y cortó el pago de
deudas a proveedores que venían del gobierno de Alberto Fernández.
De ese modo,
objetó los pagos que ya tenía comprometidos el Instituto Nacional de Promoción
Turística (Inrpotur), que depende de su Secretaría, con 38 proveedores en
materia de publicidad.
Además, pidió
una auditoría que recomendó revisar el Régimen de Contrataciones del instituto
y controlar que la tramitación de la selección, adjudicación y ejecución de las
adjudicaciones para proveedores cuenten con evidencias documentales válidas y
suficientes.
Incluso, la
administración libertaria y bajo impulso de Guillermo Francos, jefe político de
Scioli, se denunció el tema en la justicia federal y recayó la causa -cuando no-,
en el juzgado federal de Ariel Lijo. Luego lo sucedió en el expediente el juez
Daniel Rafecas.
Pero luego de
cortar los pagos, al ex motonauta le hicieron saber que uno de los proveedores
acusados de comportamientos deshonestos era Franco Colapinto, que había
promocionado la marca país de Argentina. Tener enojado al único argentino que
corre en la Fórmula I, una figura de fama mundial, fue demasiado para Scioli.
Alarmado,
Scioli ordenó apurar el pago de la deuda, pero sólo para el caso de Colapinto.
Por medio de la empresa Bullet Sports Management, el crack del automovilismo
embolsó 400 mil euros en concepto de patrocinio para el campeonato de Fórmula 3
de 2023 que iniciaba el 1 de abril en Melbourne, Australia.
El Banco
Central del 28 de agosto de 2024 en la que habilitó al Inprotur a pagar los
dólares a Colapinto, sorteando las restricciones cambiarias que regían para el
resto de los argentinos.
La decisión
incluso causó molestia en el juzgado de Rafecas que le explicaron a Scioli que
no podía hacer pagos de una serie de deudas que ellos mismos habían denunciado
como sospechada de corrupta, mientras la investigación seguía en curso.
Luego de
investigar en el juzgado de Rafecas le explicaron a Scioli que no veían delito,
pero que en todo caso si tenían sospechas de alguna malversación de recursos
públicos, lo que correspondía en primer lugar era hacer una investigación
administrativa. Y así lo hizo Scioli.
El juez
Rafecas advirtió que "si bien se puede entrever algún tipo de
desprolijidad o irregularidad administrativa, o algún tipo de omisión
contractual, las mismas podrían llegar a ser materia de sanción interna o
disciplinaria, o en todo caso resolverse en sede administrativa, pero no se
vislumbra algún tipo de maniobra fraudulenta organizada, que pueda ser parte de
un reproche penal".
Los otros 37
proveedores que no tuvieron la suerte de una pole position como la de Colapinto
lógicamente reclamaron el pago correspondiente y amenazaron con armar un
escándalo.
Para que
bajara la espuma, Scioli les dijo al resto de los proveedores que les pagarían,
pero en pesos. Algunos no aceptaron la injusticia, pero otros, con tal de
cobrar la deuda, dijeron que sí. Pero finalmente, cuando quisieron cobrar, el
Inrpotur les advirtió que no podían pagar porque había una investigación
administrativa en curso.
Como sea, la
idea albertista de tener de sponsor a Colapinto, terminó agradando a la
administración libertaria que esta vez le ofreció un contrato de publicidad,
pero no ya por la minucia del Improtur, sino mediante la sideral caja de
publicidad de YPF que maneja Santiago Caputo, que sólo en el primer trimestre
del 2025 se gastó 50 millones de dólares.
Info: LPO