En verdad,
Bonavena quiso darle una mano a su compadre Héctor Ricardo García, padrino de
su hijo Natalio Oscar y mitológico dueño del diario Crónica, que, por esos
días, desplegaba en sus tres ediciones, una fuerte campaña por la recuperación
de las Malvinas. Para Crónica, que en ese entonces vendía casi un millón de
ejemplares diarios entre el matutino y los vespertinos, los ingleses siempre
fueron "los piratas".
El tema era
una fijación para García: el martes 8 de septiembre de 1964 le había dado gran
despliegue a la patriada del piloto Miguel Fitzgerald, que aterrizó su avioneta
particular en una pista de carreras cuadreras de Puerto Stanley, la capital de
las islas (luego Puerto Argentino), para clavar una bandera argentina en el
suelo malvinero. Y el viernes 15 de octubre de 1966 había participado como
testigo periodístico privilegiado del Operativo Cóndor, que consistió en el
desvío de un avión de Aerolíneas Argentinas por parte de un comando peronista
para hacerlo aterrizar también en Puerto Stanley (Argentino).
García le
pidió a Bonavena apoyo para esa campaña. Y Ringo se prendió y puso en juego su
fama de peleador internacional. Pegó la frase en una remera y se sumó a la
delegación de estrellas que Juan Carlos Lectoure armó desde el Luna Park para
apoyar a Saldaño. Durante toda la semana que estuvo en el entonces Distrito
Federal, Bonavena dio notas periodísticas, se sacó fotos y participó de varios
eventos siempre con la remera negra y la frase adherida en el pecho y la
espalda. Y no solo eso: en cada entrevista pedía que le preguntaran por las
Malvinas y pronunciaba largas respuestas para fundamentar (a su manera) porque
Argentina debía recuperar las islas. Luego lo llamaba a García y le contaba lo
que había dicho para que lo pusiera en el diario.
La travesura
valió para difundir la causa malvinera. Pero no tuvo un final feliz para nadie:
el estupendo "Mantequilla" Nápoles (que a principios de ese mismo año había
perdido por nocaut técnico ante Monzón en París) noqueó en tres rounds a
Saldaño que incluso subió al ring con el brazo derecho adormecido por una
inyección mal aplicada.
En un agasajo
periodístico previo, Bonavena y Monzón se excedieron con las bromas y las
indirectas (también con los vinos) y estuvieron a punto de tomarse a golpes de
puño, de no haber sido por la oportuna intervención del periodista Julio
Ernesto Vila. Hubiera sido la pelea del siglo del boxeo argentino.
¿Dónde habrá
quedado esa remera negra? ¿Quién se la guardó? Ya no hubo más noticias de ella.
Bonavena falleció el 22 de mayo de 1976 en Reno (Nevada), seis años antes de la
guerra. Si aquel Ringo exultante hubiera vivido, estaría muy orgulloso de que
aquel mandato que, con un inglés defectuoso, llevó prendido al pecho aquella
semana entera, haya estado, medio siglo más tarde, en esa bandera que los
muchachos de la Selección le enseñaron al mundo. Y ahora esté también hasta en
las cosas del diario vivir de millones de personas. "Las Malvinas son
Argentinas" es una frase que nos pertenece a todos. Ya la hicimos nuestra y
nunca más la habremos de soltar.
Info: Daniel Guiñazú