Sobre el
escenario, sólo estuvieron Madres y Abuelas acompañando a quienes leyeron el
documento consensuado: Estela de Carlotto, titular de Abuelas, Taty Almeida y
Elia Espen, de Madres Línea Fundadora, y el premio Nobel de la Paz, Adolfo
Pérez Esquivel.
"Tenemos la
fuerza de la historia de nuestro pueblo, y por eso Milei y Villarruel pretenden
negar el genocidio y desmantelar las conquistas en materia de Memoria, Verdad y
Justicia. ¡Basta de negacionismo y apologismo del genocidio perpetrados por el
gobierno nacional, armado y orquestado por Villarruel!", sostuvo Taty al
cierre del discurso, que fue firmado por todas las organizaciones, tanto las
históricas, entre ellas como Abuelas, Madres, HIJOS, Familiares y APDH, como
las que forman parte del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia.
La dirigente
de Madres Línea Fundadora denunció también "el vaciamiento y
desmantelamiento de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y los sitios
de memoria y de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y el
hostigamiento y precarización del Banco Nacional de Datos Genéticos", y
exigió la "preservación de los Espacios para la Memoria y el cuidado de las
pruebas materiales de la represión".
La primera en
hacer uso de la palabra fue Elia Espen, quien leyó las consignas históricas del
movimiento de derechos humanos. "A 49 años del inicio de la última dictadura
cívico-militar, seguimos exigiendo ¡Juicio y Castigo a todos los culpables!
¡Cárcel común, perpetua y efectiva a todos los genocidas y partícipes civiles!
¡Basta de prisiones domiciliarias para los genocidas!", señaló.
"Seguimos
exigiendo que nos digan ¿dónde están?", manifestó y reiteró el pedido de
desclasificación de "todos los archivos de todas las áreas del Estado desde
1974 a 1983" para avanzar con las investigaciones de los responsables, para
encontrar a los hijos e hijas de los detenidos desaparecidos apropiados y
conocer el destino de las personas desaparecidas.
Carlotto se
refirió a la búsqueda de nietos y nietas y reclamó que "el Estado debe
garantizar la restitución de su identidad".
"La
apropiación es una desaparición forzada y hasta tanto no se conozca la
verdadera identidad, se sigue cometiendo. Y no sólo la siguen sufriendo los
nietos y nietas que todavía no han sido restituidos: también sus hijos e hijas,
perpetuando la falsa genealogía impuesta por el terrorismo de Estado",
explicó Estela.