¿Por qué algunas canciones nos ponen de buen humor?

El tempo y la tonalidad de las canciones pueden influir en nuestro estado de ánimo

Seguro que tienes canciones que te ponen de buen humor. Que cuando empiezan a sonar, sientes como por dentro empieza a recorrerte algo; no puedes evitar mover el pie con el ritmo, tararear la melodía y sonreír un poco. Puede que sea porque esa canción la asocies con un recuerdo feliz, o puede que no puedas explicar por qué te hace sentir tan bien.

Por supuesto, tiene una explicación. Pero, para empezar, debemos entender cómo es posible que una canción, una melodía, pueda influir en nuestro estado de ánimo. David Gamella González, director del máster en Musicoterapia, comenta que nuestro cerebro procesa la música a través del sistema límbico, este en el que nuestra memoria está unida a las experiencias pasadas. Por ello, es muy fácil que tengamos recuerdos asociados a canciones. "Sonido y emoción están vinculados, incluso desde antes de nacer. Desde la semana 16 del embarazo, empezamos a reconocer por ejemplo la voz de nuestra madre. Estamos predispuestos a que los sonidos y la música nos vincule con lo afectivo" comenta el profesor.

Pero, aunque una canción no esté asociada con una experiencia pasada, gracias a sus características puede influir en nuestro estado de ánimo. "La musicoterapia se basa en ver qué parámetros tiene una canción para ver si nos puede hacer sentir mejor o peor", explica el profesional. Estos parámetros, indica, están muy estudiados. Por ello, si nos encontramos con una canción que tenga unos 80 o 90 bits por segundo, y esté en una tonalidad mayor, como suele ser común por ejemplo en la música pop, va a hacernos sentir más animados y nos va a transmitir alegría. Por el contrario, una canción en tonos menores, y con un tempo más bajo, como puede ser el de la música chill out, ayudará a que entremos en un estado de calma.

Nuestro cuerpo y el tempo

También, las pulsaciones de nuestro corazón se unen con el tempo de la música. Por ello, explica el profesor que en los centros comerciales ponen música de tempo alegre, para que tengamos cierta celeridad comprando: algo que hacemos de manera inconsciente. "Por ejemplo, se suele tocar música de tempo lento, con el objetivo de relajar su frecuencia cardiaca", apunta.

Al contrario, hay veces que, cuando nos sentimos alicaídos lo que buscamos es canciones que refuercen este sentimiento. "El tema de la tristeza tiene mala prensa", bromea David Gamella González, pero explica que es muy importante permitirnos estar tristes. "Si estamos en un estado de tristeza, tenemos que hacer la digestión de esta tristeza. Por ejemplo, para las personas que han sufrido una experiencia desagradable, muy triste o traumática, es muy importante pasar un duelo para poder superarlo", explica. Por ello, debemos procesar la tristeza, y para ello, requerimos un tiempo de aprendizaje, y en este nos puede ayudar mucho la música.

Canciones tristes para días grises

Es por ello que, de manera inconsciente y más superficial, si un día son sentimos tristes recurrimos a canciones que validen este sentimiento. Si hablamos de la musicoterapia, comenta el profesor que cuando una persona está pasando un duelo, se debe hacer una transición musical. "Si empezamos una terapia, no se puede poner una salsa en la primera sesión: debemos empezar con melodías más lentas e ir cambiándonos a canciones con tempo más rápido", explica. "En la musicoterapia, como en la vida, las cosas no se solucionan rápido. Hay que pasar un proceso, un diálogo, una lógica comunicativa. En este caso, debemos ir amoldando el uso de las melodías a cada situación", concluye el profesional.

Escuchar música... o crearla

Si escuchar una canción, debido a su tonalidad y tempo, puede influir en nuestras emociones, si es vez de tan solo escucharla la creamos, sus beneficios se multiplican que en la musicoterapia se utilizan herramientas para que una persona sea capaz de crear sus propias melodías, con ayuda del terapeuta. "Podríamos decir que el musicoterapeuta es como un sastre, y crea un traje para cada persona. Cuando se empieza a crear una melodía, se puede empezar con un ritmo muy simple y poco a poco, ver qué efecto tiene sobre el paciente, para ir añadiendo cosas y adaptarla»" explica el profesor.