Cómo distribuir un salón-comedor con cocina integrada

Cómo distribuir un salón-comedor con cocina integrada no es una cuestión nada fácil, más bien suele plantear muchas dudas: derribar tabiques, incorporar habitaciones o conseguir un resultado equilibrado y armónico con tres ambientes perfectamente delimitados... 

Esta vivienda quizás te inspire: un salón contemporáneo con una estética escandinava que comparte espacio con el comedor y la cocina. Lo mejor, los frentes acristalados que inundan de luz natural el interior y convierte el exterior en una prolongación de este espacio multifuncional.

Maderas claras, blanco y contrapuntos cromáticos en tonos azules y negros. En la decoración del espacio se jugó de forma inteligente con el color. El respaldo del sofá delimita la zona de estar de la de comedor. La pared del salón que queda justo en frente de la cocina se decoró con una repisa volada de madera en acabado natural sobre el radiador y dos estanterías blancas.

En la ventana del comedor se realizó un banco de obra con colchoneta y cojín en gris.

En el comedor, la mesa blanca se acompañó de sillas en el mismo tono y tan sólo una en otro color, en negro, para romper el equilibrio del blanco y aportar mayor riqueza visual al conjunto, además de conseguir un ambiente informal y cómodo. Los elementos de unidad visual son constantes en este salón-comedor con cocina integrada gracias a los muebles, revestimientos y complementos en blanco. La pared del comedor se aprovechó con un armario empotrado cuyas puertas son iguales que las de los muebles de la cocina.

La cocina se revistió en los mismos tonos y materiales que el salón para integrarse.

Cuando se trata de salones grandes, donde la escasez de metros no es un problema, una buena idea es ubicar la cocina abierta a la zona de sofás. En este caso se optó por una cocina blanca con encimera y azulejos en el mismo color, igual de los muebles del comedor y que el resto de las paredes de la estancia. Con esta solución se logró dar sensación de continuidad al espacio. Una isla, que acoge el fregadero y hace las veces de barra de desayunos, separa el salón de la cocina propiamente dicha. La cocina y la puerta de granero ponen el contrapunto cromático en negro.