EE.UU. retirará sus tropas del norte de Siria ante el inminente ataque turco

El mandatario americano comunicó su decisión a su homólogo turco

La traición de Donald Trump a sus aliados kurdos era cuestión de tiempo y llegó después de una conversación telefónica con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en la que dio luz verde a una operación de Turquía a gran escala al norte de Siria. "Los kurdos pelearon con nosotros, pero les pagaron masivas cantidades de dinero y equipamiento para hacerlo", apuntó Trump en una cuenta de Twitter en la que recordó que "mantuve esta pelea durante casi tres años pero ya es hora de que salgamos de estas ridículas Guerras sin fin, muchas de ellas tribales, y que traigamos a nuestros soldados a casa".

El presidente zanjó a golpe de teléfono y tuit su papel en Siria y deja a sus ex aliados entre dos fuegos: Turquía, por el norte, y el Ejército de Siria y Rusia, por el sur. A cambio de la retirada, "Turquía va a ser responsable de todos los combatientes de EI en la zona, capturados en los dos últimos años", aseguró la Casa Blanca, en referencia a los miles de yihadistas detenidos durante la guerra contra el califato que permanecían en una especie de limbo bajo control kurdo.

Los kurdos despidieron a los blindados de Estados Unidos con manifestaciones de protesta en las principales localidades de Rojava, el Kurdistán de Siria, donde ahora se preparan para la ofensiva de las tropas de Ankara. "Ha sido una puñalada por la espalda", declaró Kino Gabriel, el portavoz de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), la coalición liderada por las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas, que ha combatido codo con codo con Estados Unidos en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en la que ha perdido a miles de combatientes.

Ante las protestas kurdas y las críticas desde el Pentágono o el propio partido Republicano, el departamento de Estado quiso rebajar la importancia de la decisión y aseguró que retiraron a "un número muy pequeño" de tropas y el propio Trump advirtió a Erdogan de que "si hace algo (...) que está fuera de los límites, destruiré y aniquilaré totalmente la economía de Turquía", como ya lo hizo en agosto perdió un 25 % de su valor después de que Estados Unidos convirtiera la liberación del misionero Andrew Brunson en una causa diplomática.

Zona de seguridad

Las YPG son consideradas "terroristas" por Ankara debido a su vínculo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y por eso Erdogan planea establecer una "zona de seguridad" que penetre 30 km en suelo sirio y se estire a lo largo de 500 km, desde el Éufrates hasta Irak, para blindar así su frontera. "Estamos decididos a garantizar la supervivencia y seguridad de Turquía limpiando la región de terroristas", declaró el ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu.

El segundo objetivo del plan consiste en realojar en esta zona a gran parte de los más de tres millones de refugiados sirios que han llegado a Turquía, según adelantó el portavoz de Erdogan, Ibrahim Kalin.

La retirada de Estados Unidos agita el mapa de Siria, donde las potencias implicadas tratan de fijar sus zonas de influencia como si se tratara del reparto de un pastel. Desde el cuartel general de las FDS alertaron de que "una operación militar turca en el norte y el este de Siria tendrá un impacto significativamente negativo para la guerra contra el EI y destruirá todo lo que se ha logrado para estabilizar la zona durante los últimos tres años" y llamaron a la resistencia armada frente al invasor turco.

La respuesta kurda es una incógnita ya que en enero de 2018, cuando Estados Unidos les dejó solos en Afrín, apenas combatieron durante cuarenta días y luego se retiraron. Desde entonces este cantón kurdo del norte de Siria se ha convertido una especie de protectorado de Ankara al que llegaron miles de árabes desplazados por los combates en Ghouta, el cinturón rural de Damasco, y del que han salido sus habitantes originales kurdos. El terreno en este Kurdistán no es tan montañoso, como en Irak, Irán o Turquía, y la lucha irregular de la milicia resulta complicada.

Críticas a Trump

La decisión de Trump muestra una vez más su carácter impredecible y lanza un mensaje a sus aliados en la región sobre lo que poco fiable que es su palabra. Las críticas no tardaron en llegar y algunas de las más duras lo hicieron desde su propio partido. La ex embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, calificó de "gran error dejar morir a los kurdos porque fueron claves en nuestra victoria contra el EI". El senador Lindsey Graham, uno de los republicanos más cercanos Trump, le pidió "revocar la decisión" de retirar las tropas porque esta medida supone un "desastre" que dejará una "mancha en el honor de Estados Unidos".

Ruben Gallego, veterano de la guerra de Irak que ahora es congresista por Arizona recurrió a Twitter para recordar al presidente que "permitir a los turcos penetrar en el norte de Siria es uno de los movimientos más desestabilizadores que se pueden hacer en Oriente Medio. Los kurdos nunca más confiarán en nosotros y buscarán nuevas alianzas para protegerse".

Ninguna de estas críticas recibió respuesta de un Trump más preocupado por sus escándalos domésticos que por la situación en Siria, quien zanjó cualquier discusión a través de las redes sociales y con un mensaje en mayúsculas: "LUCHAREMOS DONDE SEA EN NUESTRO BENEFICIO, Y SOLO LUCHAREMOS PARA GANAR". El problema es que las guerras actuales contra grupos como el EI son asimétricas, el enemigo puede golpear en cualquier lado y las victorias son treguas temporales hasta la siguiente batalla.