Revuelta negacionista en la América del Norte

Son muchos los estadounidenses, incluidos políticos, que siguen manteniendo que la pandemia no es más que una farsa y rechazan las medidas de excepción

Cabeza de toda una dinastía política, diputado por Texas durante 22 años y candidato en las primarias presidenciales republicanas en 2008 y 2012, Ron Paul publicó hace una semana una tribuna en la que denunciaba "la farsa del coronavirus", para él una excusa perfecta para «unos gobiernos que sólo quieren crisis en las que el pueblo, asustado, renuncia a sus libertades bajo la promesa de que el gobierno ya se encargará de todo». Bajo la excusa de que no había ni un centenar de muertos en Estados Unidos, Paul animaba a la ciudadanía a hacer vida normal.

Una semana después hay 400 muertos y 33.500 diagnosticados con el virus. Y uno de ellos es su propio hijo, el senador por Kentucky Rand Paul, que al ser informado de su positivo por coronavirus entró en régimen de aislamiento, y con él otros dos senadores con los que había mantenido contacto, Mitt Romney y Mike Lee, ambos de Utah.

Mensajes como los de Ron Paul, en consonancia con la línea que mantuvo Donald Trump hasta hace aproximadamente dos semanas (el presidente también se refirió al coronavirus como «una farsa», pero montada por los demócratas), han sembrado el escepticismo entre una buena parte de la sociedad estadounidense, ya de por sí celosa de su independencia y suspicaz ante cualquier incremento del poder del estado federal.

Playas y bares

En clara rebeldía, cientos de grupos de jóvenes han mantenido sus viajes a Miami y otros puntos de playa en Florida en lo que en principio iba a ser un receso primaveral. Han cerrado los bares y hasta las playas, pero las autoridades municipales han denunciado que los chavales han mantenido las fiestas en las habitaciones de sus hoteles y en la calle.

En el resto de Florida, aquellas localidades que viven del turismo, como Key West, se resistieron a cerrar hasta que el gobernador lo ordenó por decreto. Y aun así, ante los casos, comunes, de bares que simplemente cerraban la verja pero seguía sirviendo alcohol de puertas adentro para eventos en apariencia privados, el gobernador, Ron DeSantis creó un grupo policial de 150 inspectores que se dedican ya a multar a los infractores.

Y de entre los estados del sur del país, Florida es el que más contundente y rápido ha sido con las medidas a tomar. La semana pasada, justo cuando tanto Ron Paul como Trump hablaban de «farsa», el gobernador de Oklahoma, Kevin Stitt, publicaba en sus redes sociales una foto con sus hijos menores en un bar en la que animaba a todos los ciudadanos a hacer lo propio para que no decayera la economía. La borró en dos días. Ayer informó de que hay 70 casos y dos muertos en un estado con 3,9 millones de habitantes.

En Virginia Occidental, uno de los estados más pobres y más aislados del resto del país, el escepticismo ha engendrado rebeldía, y este pasado fin de semana la vida siguió como siempre, con iglesias repletas en hora de culto, mercadillos abarrotados de gente en las calles y restaurantes abiertos en varios condados. El gobernador, el republicano Jim Justice, se ha enfrentado a críticas furibundas por decretar el cierre de colegios. Como muchos creen que esto del coronavirus es, como decía el presidente, «una farsa», la cantidad de personas que se ha sometido a la prueba es mínima, por lo que Virginia Occidental fue el último de todos los estados en informar de infectados. Lleva sólo 16 casos.

Eso sí, muchos residentes de Washington, la capital federal, han decidido huir de la cuarentena recomendada por la alcadesa a sus casas de vacaciones en Virginia Occidental. Es muy probable que con ellos viaje también el virus.