Una imagen desgarradora conmociona Italia: camiones militares vuelven a Bérgamo para cargar 74 féretros

Dolor en las familias que ni pudieron ver ni despedir a sus seres queridos; solo les llegarán dentro de unos días sus cenizas. En los municipios las campanas de las iglesias ya no tocan a muerto para no llenar el aire de tristeza

Camiones militares vuelven a Bérgamo para cargar 74 féretros con muertos del coronavirus y llevarlos a hornos crematorios de otras regiones. No se habían borrado aún de los ojos de los italianos las mismas imágenes hace tres días, cuando también los camiones del ejército se llevaron 65 ataúdes con fallecidos del Covid-19. Esas imágenes conmocionaron a Italia y se han convertido en el símbolo de la epidemia.

El horno crematorio de Bérgamo funciona 24 horas al día, pero es insuficiente porque las cámaras mortuorias de los hospitales siguen llenas y los fallecidos se han de llevar también a la iglesia Ognisanti o a otros locales. Pero también resultaron insuficientes.

Se ha tenido que recurrir de nuevo a vehículos del ejército como servicio de pompas fúnebres. Las imágenes de la caravana de camiones militares con los féretros de muertos por el coronavirus han vuelto a conmocionar al país, como destaca el obispo de Bérgamo, monseñor Beschi: "Es una imagen desgarradora. La sombra de la muerte se alarga; no es solo el alargamiento de una lista; es una sombra que entra en el alma. No podemos escapar de la dolorosa experiencia de aquellos que ven a sus seres queridos desaparecer en la nada. Conozco a muchas personas, incluso nuestros sacerdotes, que han perdido a su padre o madre sin poder saludarlos. El próximo viernes estaré en el cementerio de Bérgamo, y haré una oración por el alma de los fallecidos que sus seres queridos nunca más volvieron a ver".

Duele en el alma a muchas familias el que un día una ambulancia se llevara a sus seres queridos y no han vuelto a verlos, ni darles un digno adiós. Ni siquiera han podido cumplir con uno de los más viejos ritos de la humanidad como es el despedir a sus muertos. Esas familias solo saben que pasados unos días les devolverán sus cenizas. Por eso, el obispo de Bérgamo ha prometido celebrar un funeral en el cementerio de la capital y lo mismo se hará en las parroquias de los municipios de la provincia.

Las campanas ya no tocan a muerto

La tragedia del coronavirus se respira en el aire. Para no romper el silencio que invade las calles desiertas de las ciudades de Bérgamo y de otras provincias, las campanas de las iglesias han roto con la antigua tradición de los pueblos: ya no tocan a muerto. Lo cuenta uno de los párrocos de Lombardía, el de Nembro (Bérgamo), un pueblo de 11.612 habitantes, que ya fue devastado por la epidemia de la peste en 1630, llevándose a tres cuartas parte de la población: de sus 2.700 habitantes sobrevivieron solo 744. Hoy su párroco Matteo Cella cuenta: "Desde un sábado en el que hubo cuatro funerales, decidimos que las campanas ya no tocaran a muerto; eso hubiera significado llenar el aire de tristes repiques de campanas y hubiera supuesto una angustia insoportable para la población".